Marionetas

por palabrasinaudibles

Acuérdate de todas las veces que se esfumaron todas tus intenciones con un punto y final. De cuando te convertiste en ceniza, un resto de un fuego fatuo que te llevaba por el camino de un laberinto que no comprendías y que llamábamos vida.

Acuérdate de todas las veces en las que tu camino tenía todo tu corazón y que todo lo que importaba era el amor que dedicabas a cada pincelada que componía ese puzle cuyas piezas no terminaban de encajar.

Eras el caos en el ojo de la tormenta, en medio de un arcoiris iluminando cómo caía el cielo en pedazos y la marea subiendo sin miedo a inundar tus sentidos. Se te acabaron las palabras dispares y las rimas de los lugares que nunca visitaste. Te convertiste en una parodia ahogada, como un bufón al que robaron de todo ingenio, despojado de la gracia de una corte que jamás fue tuya.

Te pedí que nadaras, que volaras y corrieras. Que volvieras a ser fuego iluminando su propio camino, que disfrutases del laberinto y de cada esquina que torcías, que hablaras fuerte y dejases de ser una parodia fragilizada y te regalases a ti mismo el beneficio de que te conocieran y volvieses a ser. Que ya no fueses un ser inerte dominado por un poder que no tenías ni debías comprender.

Te pedí que obedecieras a tus ganas de vivir, que peleases con y contra las consecuencias de cada acto, que sonrieras ante cada puñetazo que te propinaran y que les regalases una mirada tan fuerte como la tormenta bajo la que ya no te podías esconder, brillante y gigante como aquel arcoiris que ya no será el culpable de enseñarte que a veces el mundo se cae en pedazos y que lo único que puedes hacer es reconstruir y resurgir.

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