Relatos, descripciones y reflexiones

Etiqueta: identidad

Besarte el corazón

Me pides que escuche tu corazón y solamente se me ocurre que oigo tu respiración. Me centro en el ritmo de tus inspiraciones y mientras tanto sé que has cerrado los ojos pensando que estoy escuchando tus latidos e intentas relajarte.

Me dices que deje la mente en blanco pero nunca se me ha dado bien eso. En mi cabeza hay una bomba a punto de estallar entre tantas frases aleatorias e inconexas pululando por mi mente como un caballo desbocado. A veces no consigo controlarlo y tengo la sensación de que se me acabará la razón algún día a tiempo y a destiempo: cada vez que me alejes para evitar que nos miremos a los ojos, cada vez que evitemos el silencio con alguna sonrisa que habla más alto de lo que quisiéramos; incluso cada vez que, sin querer, nos demos un abrazo pensando que podría ser el último.

Vuelvo a tu respiración y a nuestra realidad diminuta y frágil. Quizás demasiado frágil; y entonces pienso que si pudiese besarte el corazón entenderías todo lo que se me ocurre en décimas de segundos. Que entenderías todo aquello que soy incapaz de decir en voz alta y que por fin dejarías de tener miedo.

Besarte el corazón y que entendieras que hay personas que vienen a nuestras vidas para quedarse sin promesas o falsas premisas acerca del futuro. Con un presente brillante, delirante y tan insignificante para los demás que para nosotros sea el único posible.

Me preguntas qué pienso y querría decirte que me va a explotar la cabeza, que no concibo una realidad sin ideas absurdas pero que a veces me desgarra hasta dejarme sin fuerzas. Querría decirte que no sé escuchar corazones, solamente desearía besarlos y que a través de ese beso llegara todo lo que soy o lo que somos.

Pero me callo.

Callo porque hay cosas que no tienen sentido si las decimos en voz alta y, aunque somos imposibles, también somos perfectos a nuestra manera incomprensible. Y callo, también, porque ambos sabemos que tú no eres el único que tiene miedo y que yo, nunca fui buena revelando mis debilidades.

Así que me quedo pensando en las posibilidades que tengo  para poder besar tu corazón en un segundo que ya se me ha escapado mientras volcaba toda la esencia que me queda en unas palabras que te pertenecían antes de que yo supiese que existían.

Anuncios

Sus diferencias

Siempre me he considerado una persona diferente. No diferente “bien”, sino diferente. En el aspecto más amplio de la palabra. Tampoco me refiero a que tenga alguna anomalía física o deformidades que resulten grotescas pero sí me he considerado extraña.

Nunca me ha gustado hablar mucho de mi misma, ni describirme, pero básicamente eso es porque si tuviese que hablar de mi no podría omitir a mis demonios nocturnos y, sinceramente, me dan demasiado miedo como para hablar de ellos.

A veces pensé que mi concepto de diferente se debía a simple cinismo (los que me conocen alguna vez me han sugerido que peco de cínica) y a unas ansias enormes de destacar pero, curiosamente, jamás me ha gustado llamar la atención. Así que no sé muy bien por donde empezar cuando digo que pienso que soy diferente.

Soy maniática ,aunque solamente con la hora, el resto de mi vida es un puto caos. Veréis, siempre me pongo el despertador a las seis de la mañana, me despierto y tras tomarme un café solo y sin azúcar vuelvo a la cama y peleo un rato más con mi paranoia surrealista. Cuando me despierto, esta vez de verdad, doy vueltas y lo primero que hago es mirarme en el espejo en busca de algún rastro del dolor que haya sufrido mientras dormía. Cuando estoy segura de que no me he autolesionado por culpa de mi mundo onírico, y después de ponerme el primer trapo que encuentre, deambulo durante un par de horas por calles que casi nunca reconozco. 

Cada día cumplo es pequeña rutina y el resto del tiempo lo empleo en mi trabajo, como cualquier persona “normal”. Mi problema viene cuando hago amago de satisfacción hacia mi vida social. O más bien la falta de habilidad en mi entorno social. 

Es decir, me gusta el sexo, me gusta beber y, a veces, perderme en el inframundo social. Pero aquel que pretenda conquistarme con una sonrisa de plastilina que podría desconfigurarse con una frase mediocre que saliese de mi lengua viperina podría darse cuenta de que ha atacado a la persona equivocada. No me gusta que, cada vez que bebo más de la cuenta, piensen que soy el objetivo fácil de la noche. 

Detesto el recuerdo de mis demónios que se afanan por conseguir ejercer control sobre mí  y ello me hace diferente. 

Soy rara porque no sé quién soy. Porque sigo buscando la identidad que perdí nada más nacer y porque el café que me tomo a diario se traduce en una dosis de adicción a mis demonios oníricos.