Supongo que hoy es una de esas noches que se avecinan largas. Una de tantas. 

Una de miles.

Supongo que hoy es una de esas noches en las que podría ponerme a reflexionar sobre mis andanzas en este mundo o sobre la falta de originalidad de mis andanzas. Pero también supongo que hoy no es el día, no es la hora y no es el momento porque esto no es más que un sueño dentro de tu imaginación. Es una pesadilla diseccionando tu vitalidad. Tu subconsciente controlado por mi superyó mientras camino de puntillas para no perturbar tu sueño.

Imagino con certeza que no sabes que estoy aquí, siempre y cuando menos te esperas; tan silenciosa que a veces te permites el lujo de ignorarme. No intentes ponerme nombre porque no lo encontrarás, porque soy tu miedo, tu risa, tu dolor y tu locura.

Querría ser tu futuro y tu pasado pero no soy más que tu presente. Quiero darte la vida con la que nunca soñaste, quiero aprisionarte y quiero liberarte de tus ataduras.

Soy tus expresiones y la carencia de mis andanzas canalizadas en todo tu odio, pero quiero que seas todas mis andanzas curtidas en unas zapatillas de ballet, tan ligeras y delicadas como dolorosas.

No te las voy a contar porque hoy no quiero que leas mi historia, quiero que leas la tuya propia. Que extiendas la mano a lo desconocido y que sonrías esas tardes en las que, aunque llovía, el día relucía a través de tus ojos más que nunca

No me llames porque esta no es mi historia. Es el primer episodio de la tuya y hoy no ha hecho más que empezar.

 

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