Relatos, descripciones y reflexiones

Etiqueta: sentimientos

Algo parecido a la vida.

Me preguntaba qué era todo aquello.

Todo aquello que salía a presión, emanando los poros de su piel. De dónde surgía toda esa energía incomprensible que batía su cuerpo al tiempo que se mecía con la marea mientras el frío invadía todos sus sentidos.

Me preguntaba qué significaba el latido de ese corazón desbocado que no alcanzaba a comprender y me susurraba al oído si era posible que alguien que aclamaba que no tenía corazón podía esconder el más roto de todos, a la espera de que un toque de algo parecido al verdadero amor lo acariciase.

Todo aquello que presagiaba una mirada perdida en busca de una sonrisa amable o una reflexión rocambolesca sobre la forma de las nubes que ese día habían decidido dibujar en el cielo todo lo que todavía no alcanzaban a decirse.

Qué historia se escondería detrás de ese corazón inexistente, carente de lágrimas que llevaban demasiado tiempo sin ver la luz. Siempre pensé que llorar era la manera más bonita de sonreír de los ojos, incluso cuando estos ardían por una caída inesperada.

Intenté calmar su dolor con palabras que siempre fueron insuficientes. Intenté acallarlo marchando en silencio porque pensé que jamás me creería. Quién lo haría, al fin y al cabo no era más que una pequeña más bien despistada que pasaba más tiempo imaginando colores imposibles y sonrisas a medio pintar mientras me enamoraba de todos los gestos que me regalaba en sueños.

Y fueron los silencios los que le devolvieron las respuestas que tanto ansiaba, disfrazadas de algo parecido a la vida que merecía. Tan llena de libertad y de luz que ya no hacían falta los silencios calculados y, ni tan siquiera algo parecido al verdadero amor, pues ya lo era. Cada minuto, cada vez que respiraba era amor, y su risa cristalizada el diamante más bonito del mundo.

 

 

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Besarte el corazón

Me pides que escuche tu corazón y solamente se me ocurre que oigo tu respiración. Me centro en el ritmo de tus inspiraciones y mientras tanto sé que has cerrado los ojos pensando que estoy escuchando tus latidos e intentas relajarte.

Me dices que deje la mente en blanco pero nunca se me ha dado bien eso. En mi cabeza hay una bomba a punto de estallar entre tantas frases aleatorias e inconexas pululando por mi mente como un caballo desbocado. A veces no consigo controlarlo y tengo la sensación de que se me acabará la razón algún día a tiempo y a destiempo: cada vez que me alejes para evitar que nos miremos a los ojos, cada vez que evitemos el silencio con alguna sonrisa que habla más alto de lo que quisiéramos; incluso cada vez que, sin querer, nos demos un abrazo pensando que podría ser el último.

Vuelvo a tu respiración y a nuestra realidad diminuta y frágil. Quizás demasiado frágil; y entonces pienso que si pudiese besarte el corazón entenderías todo lo que se me ocurre en décimas de segundos. Que entenderías todo aquello que soy incapaz de decir en voz alta y que por fin dejarías de tener miedo.

Besarte el corazón y que entendieras que hay personas que vienen a nuestras vidas para quedarse sin promesas o falsas premisas acerca del futuro. Con un presente brillante, delirante y tan insignificante para los demás que para nosotros sea el único posible.

Me preguntas qué pienso y querría decirte que me va a explotar la cabeza, que no concibo una realidad sin ideas absurdas pero que a veces me desgarra hasta dejarme sin fuerzas. Querría decirte que no sé escuchar corazones, solamente desearía besarlos y que a través de ese beso llegara todo lo que soy o lo que somos.

Pero me callo.

Callo porque hay cosas que no tienen sentido si las decimos en voz alta y, aunque somos imposibles, también somos perfectos a nuestra manera incomprensible. Y callo, también, porque ambos sabemos que tú no eres el único que tiene miedo y que yo, nunca fui buena revelando mis debilidades.

Así que me quedo pensando en las posibilidades que tengo  para poder besar tu corazón en un segundo que ya se me ha escapado mientras volcaba toda la esencia que me queda en unas palabras que te pertenecían antes de que yo supiese que existían.