Agua

por palabrasinaudibles

-Sé tú.- Me dijo.

Borracho, desdentado y sin equilibrio me dio el consejo más sabio a cambio de un cigarro y una sonrisa.

-Sé tú, que no te ahoguen, que no te corten las alas y no te arrebaten la luz como me hicieron a mi. – Era todo lo que alcanzaba a balbucear mientras intentaba mantenerse en pie y yo no sabía si mirarle con pena, compasión o admiración. O una mezcla de todas estas juntas.

El sol se había abierto paso, a mi alrededor danzaban niños que disfrutaban del tiempo sin saber que se les escapaba a borbotones y, con ellos, seres aburridos de reír, de esperar y de buscar. Un músico callejero se dejaba el corazón en cada canción y pompas de jabón decoraban mi paisaje iluminado de sonrisas que no alcanzaban la superficie.

Yo era nueva en un mundo que no comprendía, se me habían perdido las oportunidades en el café que ya había dado por acabado y en palabras inexactas que me impedían avanzar en el camino que menos me adormecía.

Y sin embargo, sus palabras rebotaban en mi cabeza, “sé tú”, y me imprimían una fuerza titánica. No me ahogaría, nadaría a favor de la corriente y en su contra. Me perdería en la oscuridad y me rodearía de agua convirtiéndome en una parte vital del océano hasta que consiguiera resurgir en un mar de calma y de tentación en forma de luz y serenidad. En un mar de pieles que me susurrarían todos los secretos que jamás dijimos en voz alta y me besarían la respiración en silencio y en medio de una erupción asoladora.

Borracho, desdentado y loco.

Loco por la vida que alguien le dio sin preguntarle si era lo que quería.

Desdentado hasta el alma, frágil, ausente de huesos que protegieran un espíritu demasiado ligero.

Borracho de nostalgia, de ausencias y de una carta que guardaba como único tesoro. Firmada por su hermana antes de abandonarlo al ritmo de un mar que para él nunca estuvo  en calma.

Ahogado y rescatado. A cambio de una sonrisa y un cigarro.

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