Que se me escape el tiempo

Se nos escapa el tiempo, año tras año, y no sé por qué seguimos escondiendo el miedo que tenemos a mirarnos en el espejo y ver quienes somos realmente. Y nos resignamos a contemplarnos en la oscuridad cuando creemos que nadie más nos ve, escondiendo así todo el dolor de todos esos errores que no me hacen aprender, sino atormentarme.

Pero no importa porque mientras nos miramos y se nos escapa lo único que no podemos controlar, decidimos vivir como nunca antes hemos hecho y entonces, y solamente entonces, nos miramos y te pregunto cómo es mi dolor cuando me robas las palabras que sólo tú encuentras para describirme sin rozar mis cicatrices. Y serás tú quien a lo mejor consiga detener el reloj de arena durante unos instantes para convertir algo tan sencillo en un momento de delicadeza inimaginable. Y será ahora cuando borremos todas las ideas que nos hacen daño y cantemos alguna melodía destartalada y desubicada que nos llevará a través de hebras doradas imaginarias hasta que demos con la más débil, la rompamos y volvamos a la realidad.

El tiempo volverá a circular sin detenimiento y sin prisa pero tú y yo ya nos miraremos y no volveremos a tener miedo, habremos dejado de huir y por fin nos encontraremos en un baile de secretos y sonrisas mientras recorremos, centímetro a centímetro, nuestras pieles forjadas de unas cicatrices que ya han dejado de doler.

Y entonces nos daremos cuenta de que el tiempo sí se nos escapa pero qué más dará si mientras tanto somos reales, no tenemos miedo de vivir y encontramos la delicadeza en una sonrisa en un día de frío.

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