Prisiones

Abro los ojos en medio de una pesadilla nocturna, en otra noche de inseguridad y una leve rebeldía hacia lo que me ataca cuando menos espero. Estoy sangrando lágrimas que  escapan a mi control y no consigo quitarme la máscara que una vez fue parte de un juego de niños y ahora se ha convertido en una parte imprescindible de mi vida porque tengo un miedo inimaginable a ver la realidad.

Y esa presión que apenas me deja respirar cada vez que despierto a mitad de la noche hoy parece pesar más que de costumbre, la oscuridad y mis ojos anegados de lágrimas no me dejan ver qué pasa a mi alrededor y sólo me quedo con el tacto de las sábanas totalmente descolocadas en un mundo que ya no sé si es el mío.

Y soy tan vulnerable a esos golpes invisibles que ni siquiera me molesto en alzar la voz en una ciudad que, a pesar de su movimiento frenético, me parece desierta y me susurra que estoy abandonada a mi suerte.

Abro los ojos en medio de mi única pesadilla cuando ni siquiera he llegado a dormir y veo su cara desfigurada de rabia embistiendo contra mí y hoy decido que puedo estar sola pero que no conseguirá quitarme la vida; que conseguiré quitarme la máscara que me ha aprisionado durante tanto tiempo y que jamás volverá a hacerme daño.

Que algún día dejaré de sentir esa presión que cae sobre mi pecho y que mi corazón volverá a latir.

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