Tienes un sabor agridulce.

por palabrasinaudibles

Pum. Pum. Pum.

Cuenta cada latido del corazón mientras corre huyendo del diablo que le roba la razón. Busca un lugar donde la calma le deje pensar, donde se asiente sus pensamientos y el odio se desvanezca cuando el viento azote su piel.

Corre y su corazón desbocado a punto de reventarle el pecho, no le queda ni un ápice de fuerza y cae. El suelo es frío y quizá deba rendirse. Tiene las manos manchadas de sangre, en algún momento debió abrirse la herida y parece que su corazón escapará a través de esas manos que han visto más que los ojos de cualquier otro ser.

Pum.

Se ralentiza, piensa que quizá esté a punto de alcanzarle y que ese sea el momento  de volver a respirar ante la escapatoria inminente de una vida que no ha sido suya.

Y vuela su cabeza. Se cura. Se cura y se enamora del recuerdo. Totalmente consciente de que el pasado no existe y que el sabor agridulce del amor es, quizá, el elixir más potente del mundo. Pero vuelve a la vida y su corazón ya no quiere escapar a toda vela del destino.

Consigue darse la vuelta y el cielo no ha querido concederle el lujo de personificarse, pero las nubes oscuras resultan, por primera vez, un consuelo. No tiene que fingir.

Se le dibuja una mueca en la cara, lo más parecido a una sonrisa que ha experimentado en años y se desdibujan las imágenes a su alrededor cuando se le empapan los ojos de lágrimas mientras sus manos siguen sangrando sin piedad.

Quien sabe, igual es el momento de dejarse ir, de dejar de luchar, de decir en voz alta todas las verdades que callamos cuando el miedo nos amenaza en silencio.

Y cierra los ojos.

Y el amor calienta su cuerpo.

Y sus lágrimas se convierten en diamantes mientras su sangre riega el césped congelado y las nubes amenazan a tormenta de vida.

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