De esos mundos (im)posibles

por palabrasinaudibles

Habláis de mover montañas, de bajar al infierno y de escalar a mundos imposibles cuando ya no haya que soñarlos.

Fingís no veros entre las sombras, que no intuís la magia que recorre vuestra sangre y que el silencio pesa porque si calláis diréis más de lo que podríais soportar.

No puedo hablar de química, tampoco de estrellas que explotan más allá de nuestra galaxia y aun menos sobre qué pasa después. Pero sí puedo contarte que entre vuestras sombras veo almas bailando al ritmo del silencio que todavía no dejáis brillar.

Veo, también, toda esa magia de la que siempre hablasteis. No me alcanzarían las palabras a describir la realidad tan perfecta que suponéis cuando se cruzan vuestros latidos, se sincronizan y se pierden para terminar encontrándose de nuevo en un instante perfecto de armonía.

Quiero contarte, también, que los bosques y los cuentos de hadas existen cuando os leéis la piel y ahuyentáis a todos y cada uno de los fantasmas que ahora son cicatrices invisibles. Y que esas hadas no tintinean, ni vuelan, sino que revolotean cantando esa melodía que os engatusa y convierte en rebeldes con voz.

Y os alzáis, gigantes, deshechos del peso que os esclaviza y construidos desde la ruina en la que os encontrasteis.

Os alzáis brutalmente honestos, os despojáis cualquier vergüenza que os hayan querido imponer y vuestro baile se convierte en un festival de almas en libertad. Dispuestas a destruir todos y cada uno de los obstáculos que alguna vez os hicieron agachar la cabeza, callar o hacia otro lado.

Y os rechazarán, os romperán el corazón y añadiréis cicatrices pero brillaréis como esas estrellas que jamás comprendimos, nosotros simples humanos. Seréis tormenta y luz y aprenderéis que algo, a lo largo del camino, hicisteis bien: conquistasteis la cima de todos los infiernos congelados que dejasteis atrás.

 

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