Inmortal

por palabrasinaudibles

Daba paseos por el infierno que se le antojaban caminos de rosas: era su castigo por mentir, manipular y destrozar una vida tras otra. Pero no le importaba, no conocía el bien, no recordaba lo que era ser humano y conceder una caricia.

Llevaba meses sin decir una palabra, sin esbozar una sonrisa. Le era más fácil así pues para qué molestarse en sentir algo que pronto habría de desvanecerse. No merecía la pena.

Y una noche, en que la luz de la luna era inexistente y la temperatura era algo más fría, cerró los ojos y una imagen fugaz asomó por su mente: unos ojos. Una mirada de cristal… Su mirada, aquella que había olvidado y venerado más que a nada de aquel mundo, pues los recuerdos al final no eran más que un esfuerzo por mantener vivo algo que ya había muerto.

La recordó a ella, pensó en sus manos de porcelana y su olor a libertad y la imaginó corriendo entre los árboles que le susurraban al oído los secretos de las ninfas. Y por una vez durmió porque ella sí que era para siempre, porque Amara era inmortal en cualquier mundo, porque ella todavía respiraba en él…