Relatos, descripciones y reflexiones

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Que me recuerde a ti

Que el suspiro profundo de los recuerdos me lleve hasta ese día de septiembre en que nos cruzamos por tercera vez.

Que la primera vez que te vi apenas eras un ente algo torpe que caía como agua fría en un día de invierno; frío pero indiferente ante la costumbre de los meses que no anuncian un día bajo el Sol.

Que la segunda vez que te vi te miré por primera vez sin entender qué era lo que te despertaba tal curiosidad para que te quedases ensimismado en algún lugar aunque no parases de hablar, anunciar y enunciar cruzadas más terribles e imaginarias que absurdas y reales.

Que aquella tercera te seguí a ese limbo del que no querías salir y del cual me propuse rescatarte; sin que lo pidieras o, tan siquiera, lo imaginases. Como una heroína sacada de un cuento rocambolesco en el que las hadas y la fantasía se parecían más a la locura de querer hacer algo definitivo que cambiase nuestras vidas.

Y que una canción me empujase como una corriente eléctrica a los continuos devaneos en los que decidimos bailar a un ritmo pasmosamente lento mientras me embriagaba de aquel olor a dudas. Que esa fuese la canción que bailaríamos más tiempo del que quisimos conjurar mientras yo saldaba mi deuda con el diablo y perdía la valentía con la que había emprendido mi misión suicida.

Pero nadie me había contado que cada minuto de incompresión sería lo que, a su vez, me devolvería la libertad con la que no soñaba desde hacía mucho tiempo. Nadie me dijo nunca que la duda se transformaría en un diamante irrompible pero que sería cada momento de duda lo que me recordaría a ti; que las divagaciones me trasladarían a esos llamamientos al aire que siempre hiciste sin darte cuenta.

Nadie me dijo que sería a la locura a quien le debería la apertura de una puerta brillante, impactante e inagotable fuente de sinceridad vestida de una embriaguez que no sabríamos describir.

Veneno

Respira hondo, deja la mente en blanco, detén el tiempo. No existe nada a tu alrededor.

Sigue el sonido de mi voz y mi promesa vacía de melodías que hemos dejado de escuchar, ya solamente te hace falta saber que este es el latido de mi corazón bailando junto al tuyo. Coordinados con tal perfección que son como veneno para la sangre si alguna vez cesasen su danza.

Busca mi promesa en este segundo detenido sin prisas en una cárcel que encierra todas las respuestas que aguardan a tus preguntas. Tienes la llave, sólo necesitas encontrar la cerradura correcta y estás a un único paso de hacerlo.

Porque somos veneno sin antídoto, una respuesta a mil preguntas. Somos la libertad encerrada en la enfermedad del tiempo y somos la decisión que nosotros elegimos.

Pierdo la noción de la realidad mientras me obsesiono por la necesidad de saber que escuchas mis palabras y lees entre mis líneas desordenadas; mientras me pierdo en tu laberinto de cristal.

Eres brillante y eres luz, guías el compás de mis pasos y lo cierto es que soy una extensión de tus silencios y una frase inacabada en todas las promesas que te hago.

No busco el futuro y no pienso el pasado porque tengo el presente en tus ojos cerrados y en tu corazón de cristal.

Es el destino

Si te ríes se iluminan 3 o 5 estrellas. Depende de si hemos apagado todas las luces del mundo.

Cada vez que das un paso hay alguien en alguna parte a quien has hecho sentirse grande. Incluso enorme.

Te he visto correr pocas veces porque sabes que las prisas solamente sirven para que nos perdamos todos los primeros amaneceres que veremos a lo largo de nuestra vida. Y me encanta que tu paso sea lento, ligero y silencioso.

Si te veo con los ojos cerrados sé que es el momento de callar. Estás en algún lugar que solamente te pertenece a ti y es tan real como la paz que transmites cuando estás allí.

Cada 4 o 6 horas escuchas una canción que será la responsable de tu próximo comentario aleatorio. Uno que seguramente es más para ti que para cualquiera de las personas que estén contigo en ese momento. No tiene porqué ser una canción audible para todos.

Es como las palabras: las hay que suenan y las hay que están pero aun no quieren dar la cara.

Siempre se nos ha dado bien buscar la perfección en lo pequeño, encontrar la musicalidad en nuestras respiraciones, escuchar todo aquello que nos susurra lo vibrante de nuestros minutos contados.

Eres de aquellas personas destinadas a vivir para siempre. Una de esas a las que el tiempo no apaga porque derrochas luz.

La inmortalidad está en ti y en los kilómetros y horas venideras. Está en tu risa y en tu grandeza escondida y pujando por una liberta que le pertenece. Está en todos los puentes de los que saltarás sin esperar caer al vacío porque tú puedes volar a cualquier lugar.

Solamente necesitas una cosa: tu imaginación.

Cierra los ojos y olvida que el mundo es mundo y recuerda que todos y cada uno de los pasos que damos sirven para llevarnos hasta el fin del mundo durante un millón de años.

Recuerda que estamos destinados a ser inmortales.

No quiero, lo necesito

No esperaba que fuese tan de repente. ¿Cómo pudo ser? Llegó como una tormenta de verano y se fue como se marchan los suspiros de una noche de invierno demasiado larga.

No podía parar de mirarse las manos y preguntarse si todo aquello era real. Siempre había tenido una cierta obsesión con sus manos; “son lo único que existe fuera de mi cabeza”, decía.

Se miraba las manos y se amontonaban las preguntas que no sabía si quería responder aunque solamente una respuesta era importante: sí.

Sí a absolutamente todo: al rechazo inicial, a la consiguiente decisión de ignorarlo, a las imágenes acosadoras en su mente sobre todo lo que llegaría en convertirse o dejar de ser. Sí a las mentiras, a las miradas desconcertadas, a los irrefrenables abrazos que más de uno le daría y a los comentarios lastimeros.

No importa el final, ya sabemos cuál es. Todos lo sufrimos. Importa el camino y la manera en que lo viviría a partir de entonces. Sin excusas o escusas, sin miedos porque no había nada que perder, sin esperar.

Importa que ahora se sorprendía todos y cada uno de los días que estaba viviendo. Importan todas las personas a las que les dio su corazón aun sabiendo que aquellas quizá solamente querían juguetear. Pero qué más daba: la alegría de saberse capaz de amar así valía más cualquier juego malpensado o malogrado.

Importan los recuerdos quebradizos que quedaron en su mente cuando sus manos dejaron de funcionar. Importan los besos, las caricias y los susurros que calentaban un corazón que aun latía fuerte ante la imperiosa necesidad de vivir una esencia que no desaparecería.

No esperaba que fuese tan de repente pero, ¿quién espera que un día cualquiera un serio desconocido le diga que no hay mucho más allá?

Quizá ese es nuestro error. Quizá nos equivocamos al esperar que sí hay más, que hay una meta en la vida cuando lo cierto es que todo aquello que necesitamos está ahí y no hay que mirar muy lejos para verlo.

Nosotros somos las caricias que nos damos, los abrazos que nos regalamos y los besos que a veces esquivamos en un día nublado, algo lluvioso y tan perfecto y luminoso como nosotros queramos pintarlo.

300 palabras en las que creo

Soy.

Soy distracción, reflexión, inflexión, rigidez y seriedad. Soy felicidad, amargura, tristeza, alegría, una lágrima y diez mil sonrisas.

Soy una persona de más bien poca altura, ojos marrones o algo así y una sonrisa que suele estar torcida. Es una de mis 15 sonrisas.

Soy una persona diferente según el momento en que me mires, a veces insegura y otras, valientemente estúpida. Por las noches soy silencio y por el día pensamientos que resuenan como el eco de una montaña. Me ensordezco a mí misma y prácticamente a toda persona que se atreva a escucharme.

Soy amor, paz, guerra y contestaciones absurdas a preguntas demasiado racionales.

Soy contradicción.

Creo.

Creo en las miradas y que existen muchísimas más de 15 sonrisas, aunque aun no las he descubierto.

Creo en lo maravilloso del ser humano, en la magia de todos y cada uno de los secretos que se esconden en nuestros encuentros furtivos.

Creo en la danza como arte en movimiento, en la música como el elixir vital de nuestros sentimientos y en las palabras como esencia de la vida mientras me definen y describen todas las imágenes que todavía no he visto.

Creo en los cambios, en los que son permanentes y los que no. Pero sé que son parte de vivir en un mundo que a veces nos obliga a olvidar que la magia la hacemos nosotros.

Creo en ti, en tus silencios y tus gritos. En todas y cada una de las verdades que todavía no hemos compartido.

Creo.

Soy, creo y defino.

Defino la realidad que me rodea como algo lleno de colores, matices y rincones llenos de bibliotecas escondidas.

Defino mi verdad como pequeña y universal sabiendo que esta es mía y que la vuestra es tan bella como queráis que sea.

Defino siendo creencias.

Somos especiales

Seamos especiales en un símbolo infinito de sumas y restas.

Seamos ausencia, aire y tensión en el tiempo entre los segundos que no contamos.

Lloremos frente al diablo que nos atemoriza y no nos deja vivir sin dudar a cada paso; ante la ausencia de un beso y la presencia de un abrazo que no tiene principio ni final.

Que las diferencias, las deferencias y las preferencias no nos separen; sino que hilen cada uno de nuestros argumentos aislados en medio del caos que nos rodea y que podemos elegir se convierta en paz.

Escojamos un color que nos identifique en medio de los grises que a veces se dedican a robarnos la sonrisa. Seamos rosas, azules, dorados, negros, rojos y, quien sabe, lilas o verdes. Recordemos que vivimos en medio de una gama de colores en la que las nuestros corazones son los templos que adoramos y nos dan la fuerza para continuar.

Amemos cada uno de nuestros rasgos coloridos, valientes, en paz, ausentes y presentes.

Dejemos de sufrir por aquello que no existe y besemos todas y cada una de las miradas que nos ofrecen una oportunidad y el abrazo más perfecto del mundo.

Universo

Si las miradas hablasen descubriríamos que no somos sino el reflejo de una idea preconcebida.

Si nuestras manos gritasen todo lo que tocamos cada vez que cerramos los ojos, seríamos una historia eterna de discusiones pasionales sin descanso.

Si nuestras bocas callasen, sabríamos, por fin, que el silencio es nuestro mejor aliado cada vez que nos miramos en la oscuridad, cada vez que nos gritamos mientras recorremos valientes e incluso dementes centímetro a centímetro nuestra piel.

Si los olores no nos llevasen al pasado, sino al presente, cuál sería nuestra sorpresa al bebernos de fragancias imposibles que todavía no hemos sido capaces de nombrar.

Pero callamos, ignoramos y nos tapamos los oídos. Ansiosos por una velada sacada de la película más rocambolesca ponemos una canción cutre de fondo para que cubra los vacíos de nuestra conversación más vacía aun. Tememos mirarnos con franqueza y sonreír con honestidad. Hemos pasado demasiado tiempo escuchando que una buena actuación es la mejor manera de ahuyentar todo aquello que no queremos catalogar por si se vuelve demasiado real y nos vemos envueltos en una ráfaga con aires de libertad.

El vino nos acompaña de una manera sutil, invitándonos a ser reales por una vez en nuestras vidas descoloridas. Tal es su flexibilidad que se desliza por nuestras gargantas sin apenas llamar la atención, sin embargo no sois capaces de ignorar ese sabor dulce y algo tostado que, a la luz de esas velas que ya no tienen ni un atisbo de romanticismo, imprime algo de realidad a la música que ahora desearíamos estuviera apagada.

Por alguna razón que no tiene nada de especial, dejamos de pensar en el tiempo que llevamos mirándonos sin vernos y comenzamos a estudiar nuestros gestos furtivos en un intento indiscreto por sabernos mejor y con certeza.

Y entonces nos damos cuenta de que ahora el silencio se ha apoderado de la habitación. Qué increíble vernos desnudos de toda parafernalia y escucharnos sin hablar. No me importaría estar así toda la vida.

Es una quietud extraña la nuestra y, por otro lado, sabemos que no cambiaríamos este instante por nada del mundo. Cuando nuestras respiraciones se encuentran y se sincronizan la sensación de perfección es palpable. Casi podría cortarla si no fuese porque sé que no hay nada remotamente parecido a ésta.

Nuestras miradas comienzan a contar sus historias mientras nuestras manos dibujan una figura imaginaria sobre dos cuerpos que desprenden un número indefinido de sensaciones parecidas a la facilidad de amar en paz o a la felicidad desmesurada cuando escuchamos cada pausa en nuestras vidas.

Ahora recuerdo cómo nos intuimos en la sombra de una luz que se desvanece sin que podamos evitarlo. Recuerdo cómo tus dedos indecisos caminan por mi espalda mientras me susurras al oído que quizá ya nos conocíamos. Evoco tu imagen borrosa en un intento vano por traer a mi memoria lo que tus cicatrices contaron a mis manos ansiosas por distinguir las palabras bellas de las feas. Qué equivocadas estaban.

Así que te reconstruyo en mi adorada imperfección. Ésa que me abre el camino como si de su pupila me tratase, y decido que prefiero quedarme con el esbozo delicado de nuestras sonrisas empapadas de armonía en una noche en la que el tiempo dejó de existir mientras lo sencillo de nuestros sentidos se aprendían y se perdían al tiempo que bailaban al son de la música de los colores de nuestras vidas.

Y olvido que a lo mejor las velas, el vino y nuestra obsesión por el tiempo a veces son necesarios para que podamos aprender a ser únicos y preciosos diamantes perdidos en el universo inexplorado.

aprender a ser únicos y preciosos diamantes perdidos en el universo inexplorado.

Prométeme que intentarás vivir con todas tus fuerzas.

Prométeme que, aunque vieses mi dolor solidificado en pedazos de cristal, jamás recogerás esos trozos que no te pertenecen pues tu vida es tuya. Sin fantasmas o reflejos desvirtuados de lo que viste en la oscuridad.

Sonríe y dime que estarás bien, en este mundo o en cualquiera de los que sobreviven en tu maravillosa y única descripción del paisaje que nos rodea.

Sonríe. Comparte tu felicidad y que la esperanza sea parte de los miedos que un día superamos juntos; todas aquellas veces que compartimos los segundos más duraderos jamás contados.

Entierra cada sombra, cada cicatriz.  Juntemos nuestros temores y disparemos una pistola en forma de carta al infierno para que se queme y descomponga en sus propias cenizas.

Promete, y esta vez a ti mismo, que tu vida vale más que todo el oro del mundo.

Promete que serás una catarata de emociones constantes: sensibilidad, miedo, retratos deformados de una realidad tan bella como quieras que sea; esperanza, luz, oscuridad y libertad.

Sonríe y disfruta de la imperfección. Es el único sitio donde encontrarás las maravillas mejor definidas del laberinto que aun no has terminado de recorrer.

Elixir

Es asombrosa, misteriosa, sugerente y terrible.

Su paso ligero y su perfume te invitan a bailar una canción que aun no sabes cómo empezará pero no para qué te lo vas a plantear. Ya has caído rendido bajo su encanto susurrante y no te dejará marchar hasta que completéis esa obra de arte que aun no ha comenzado a ser.

Es paz y es guerra. Es un problema tras otro y la solución a todos y cada uno de ellos.

Es intención, azar, una estadística mal calculada en un problema que no tiene venta o compra.

Vuestras manos no se tocan y, sin embargo, ambos caéis fulminados por esa corriente eléctrica que aun no ha encontrado principio o final. El ritmo os emborracha y, para qué vais a desviar la mirada si ya os bebéis y os conocéis sin necesidad de hablar o de imposiciones.

Todo se reduce a una secuencia que se repite como si buscase que finalmente chocaseis de manera discreta, lúcida, evidente y ridículamente placentera.

Que aprendieseis a tocar lo que sois y no lo que quisierais ser, que bailaseis sin tener que mirar porque os sentís, y que no bebieseis de ese veneno que os venden como algún tipo de elixir, pues el elixir y la gloria se encuentran en esas sonrisas escondidas tras los besos que aun no os habéis dado.

Decisiones

Todo lo que alguna vez necesitamos estuvo siempre ahí. No importa si lo vimos, lo ignoramos o lo recogimos con manos de mantequilla deshecha en un horno natural de condiciones artificiales.

Hicimos una elección, tomamos una decisión mientras vivimos rodeados de un paraíso que jamás supimos apreciar. Demasiado acostumbrados a la grandeza de sus detalles más insignificantes.

Hablamos y hablamos. Perdimos el tiempo como mejor supimos y superamos todas las borracheras mentales que intentaron nublarnos la mente en un juego que sólo era divertido para nuestro destino y, quizá, también para mí. Aunque jamás lo reconociese.

Una vez pronunciadas las palabras decisivas volvimos la mirada al frente y, sin embargo, no había más luz que en todo el tiempo que habíamos aprovechado pretendiendo ser normales. Sin embargo, un camino se abría ahora totalmente nuevo y ansioso por ser machacado con nuestras pisadas pesadas con toda nuestra fe depositada en nosotros mismos.

De modo que comenzamos, nos abrimos de par en par y, por primera vez, escogimos no acostumbrarnos a la belleza, a la imperfección y a las historias que aun no nos habían contado. Miramos con el corazón y esa fue la única luz que alguna vez necesitamos.

La mediocridad de nuestras pequeñas decisiones formó lo más grande de nosotros y nunca supimos decirlo en voz alta hasta entonces. Era la primera vez que éramos capaces de vernos y decirnos cuánto nos queríamos, nos amábamos. Sin necesitar nada más allá que mirar hacia el frente y creer en nuestras absurdeces.

Ése resultó ser el mayor poder que jamás podríamos haber tenido.