Relatos, descripciones y reflexiones

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Un último deseo

Esta vez solo pido que pase el tiempo.

Hoy solo quiero olvidar que existe esta opresión en el pecho, que hay ausencias que no se olvidan nunca. Sólo quiero cerrar los ojos y que todo esté negro, que se me apaguen los sentidos para que todo duela un poco menos y no me acuerde de lo fácil que es verte y lo difícil que siempre fue alcanzarte.

Esta vez solo pido que pase el tiempo y que, con él, te conviertas en un lindo recuerdo. Que te conviertas en algo ligero que me acaricie sin que me arda la piel y que, con el tiempo, seas un nombre más en una lista que todavía está en blanco.

Y pido que no desaparezcas de mi vida sin dejar huella. Necesito que te conviertas en una cicatriz, aunque sea pequeña, que me recuerde lo grande que eres en los momentos en los que tú lo olvidas y yo pierdo la razón para odiarte cada día un poco menos.

Que pase el tiempo y los colores sigan siendo brillantes, la oscuridad profunda y los sonidos tenues a mis oídos.

Esta vez sí he sabido por dónde empezar pero no cómo terminar.

Que pase el tiempo, que sonría ante tu ausencia y que se apaguen mis sentidos porque hoy, y solamente hoy, me permito regodearme en tu ausencia, en mis silencios y en esa mirada que ya no voy a ver.

Anomalías

Compras mi silencio vertido en litros de alcohol porque últimamente he estado algo retraída. Que suena una canción algo asustada de fondo mientras yo me vendo y tú desnudas mis miedos y los conviertes en sombras.

Me pides que no me marche nunca más y, sin embargo, no me creo esa bizarra necesidad por verme. Me rozas la mano y no consigo descifrar el enigma que me planteas entre frases que cada vez me parecen más borrosas e indistintas.

Intento enfocar la vista en un vano intento por olvidar una borrachera descontrolada y ser un poco más de lo que me dejas ser. O de lo que quiero creer que soy. Que me obsesiona tu imagen difuminada es una realidad y, que no eres más que producto  de mi imaginación desbocada es una paliza que me rompe en pedazos de cristal que se desparraman haciendo que nunca más vaya a ser capaz de recomponer mi figura torcida.

Que soy una rotura obvia en una producción en serie me atormenta y por eso existes tú: engrandecido y asombroso; eres el alimento de mis pulmones y me obligas a callar las dudas y los miedos para obligarme a gritar todas mis alegrías y mis desafíos.

Que eres producto de imaginación me atormenta pero que seas quien sostiene el peso de mi mundo es decisión mía y jamás te despojaré de ese poder.

A veces las anomalías son nuestras mejores amigas y a mí, sí, a mí, no me importa emborracharme y perderte de vista porque tú recoges mis pedazos rotos y cojos.

Baila la despedida en silencio

No puedo evitarlo, tengo que verte otra vez. Una, y otra, y otra; sin que pase el tiempo por las cicatrices del olvido. Tengo que buscarte en medio de la oscuridad cuando no te veo, cuando desapareces de este mundo y te materializas en ese otro que solamente a veces me dejas alcanzar.

Te busco en la oscuridad, bailamos en silencio al ritmo de un tango que no comprendemos más allá de nuestras manos paseando al ritmo de nuestros latidos y sonreímos sin que podamos vernos en un espacio que se ha convertido en universal.

Si nos inunda la música y solamente una vela en una esquina ilumina el universo, somos la pareja perfecta de la ilusión que proyectamos antes de marcharnos sin que lleguemos a despedirnos.

No puedo evitarlo, tus manos recorren mi cintura y el olor de tu piel me envenena poco a poco, privando a mis sentidos de toda racionalidad mientras bailamos sin descanso embriagados de temor antes de que termine este sueño del que ojalá no despertásemos.

Y si no voy a volver a verte, que tu olor y tus manos impriman mi piel en esta danza que nos emborracha mientras perdemos la noción del tiempo ante un año que ya se termina y que nunca fue nuestro.

Si no voy a verte nunca más, que el proyecto de lo que no seremos no nos atormente y nos recuerde que siempre que cerremos los ojos podremos volar adonde la imaginación nos lleve sin descanso, en un vaivén continuo de alegorías premeditadas, hasta ese momento en el que me serviste una copa de vino. Al ritmo  de un tango que me hipnotizó; al ritmo de una velada de la que solo recuerdo haberte amado con la mirada mientras fingía que el tiempo nos pertenecía y que no éramos los restos de una ilusión que nunca estuvo tan rota como hasta entonces mientras un año más marchaba sin despedirse.

 

Profecía

Cierro los ojos de dolor ante tu ausencia anunciada. Éramos la crónica de una muerte anunciada y ni siquiera nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde.

El puñal incrustado en mi corazón me rompe en pedazos y uno a uno caen como cristales que cortan el silencio de tu ausencia. Intentar redimirse es imposible ya y me he quedado sin opciones reales que me hagan encontrar un camino en el que tu nombre y tus falsas promesas no sean el titular de mi día a día.

No tengo razones para odiarte, sí las tengo para olvidarte y no sé por dónde empezar, así de destrozada me has dejado y no será la última vez que te dedique más tiempo del que tengo en mi poder.

Así que cierro los ojos ante tu ausencia imposible y me pregunto si no será el momento de comenzar a convertir esos cristales frágiles en diamantes puros, brutos, con todo su brillo y fuerza por delante. Un grito desgarrador sube por mi garganta incontenible y la rabia que siento me abruma en un minuto eterno en el que los colores son indistinguibles.

Y entonces silencio. Silencio, vacío, negrura y cansancio ante una ausencia que dejará de doler. Quizá dentro de un minuto, quizá dentro de un camino interminable pero dejará de doler y esta crónica se convertirá en una falsa profecía de historias que nunca sucedieron.

https://www.youtube.com/watch?v=iNRFunkBMcI

Dónde está el amor

Me quedo sin palabras ante el terror en el que vivimos.

Me quedo sin palabras ante la indiferencia, la rabia y el odio que respiro a mi alrededor ante los ataques diarios e incesantes.

Y me pregunto qué es el amor si no estamos unidos, que es el amor sino la necesidad de dejar aparte nuestras diferencias para gritar bien alto que ya está bien. Que ya hemos tenido suficiente de esta barbarie en la que no importamos ni un ápice.

Me quedo sin palabras al ver cómo el terror nos divide cuando vivimos en un mundo podrido que solamente nosotros podemos hacer bello.

Y caigo de rodillas mientras me pregunto qué es el amor sino la sonrisa de un desconocido en la calle cuando te sorprende mirando más allá de lo que enfrentamos. Caigo de rodillas ante la poca fuerza que demostramos cuando nosotros somos el poder; somos la ira y la rabia contra la injusticia, sin importar la raza, el color, el sexo, la religión o los ojos que miran.

Aúllo de dolor ante una noche demasiado oscura cuando nuestras diferencias nos separan en lugar de unirnos. Cuando nuestras diferencias, que son la belleza del mundo, deberían convertirnos en un solo ser que alce la voz de una vez por todas.

Me quedo sin palabras y me pregunto dónde está el amor por la vida, por la libertad.

 

La razón por la que caeremos

Qué terror el que nos carcome cuando olvidamos que hemos de caer. Que tarde o temprano seremos ceniza o desperdicio para los carroñeros.

Qué terrible el horror que nos proporciona esa ignorancia lasciva de la que presumimos, ajenos a lo diminuta de nuestra esencia abandonada a la suerte estipulada en medio de una civilización que retrocede a un ritmo tan vertiginoso que sería imposible detenerlo.

Y qué fácil sería cerrar los ojos, flotar y asustarse.

Pero somos prepotentes, arrogantes, arruinados entes que no merecen la libertad de volar sin miedo a caer.

Y olvidamos que estamos aquí por algún tipo de suerte del destino. Olvidamos que somos finitos y que deberíamos vivir a luminosidad constante con la que nos hemos topado.

Olvidamos, día tras día, sin pausa, que la belleza de vivir se encuentra en todo lo desconocido; en el gozo de todo aquello que jamás debimos destruir.

Es por ello por lo que vivo en un estado latente de pánico del que soy incapaz de deshacerme. Es por lo que lloro cuando miro al cielo desnudo de nubes y memorizo cada estrella por si mañana no llegase. Qué liberador sería si se me otorgasen esas alas que no merezco para poder cruzar los océanos mientras el viento me baña las plumas.

Pero no lo merezco, no soy diferente de ti, o de aquella desconocida que te miró entre copas aquella noche desesperanzada y borracha de silencio. No soy diferente a la irónica o la presumida; a la tímida, a la risueña e incluso a la que ya está desquiciada por todo este dolor.

No soy diferente a ninguna de ellas y, solamente por eso, respiro hondo y me curo pensando en que la caída será menos dura si pido perdón a un ser en el que nunca pude creer.

Una única realidad

Me presento.

Tengo muchos nombres, a lo largo de los miles de años de mi existencia he sido invisible, innombrable, temida, respetada y venerada. He escapado a los rituales, a la vida, a la mitificación y soy la última en llegar a tu vida.

Mírame de frente y escucha el sonido de mi llamada, a veces es un suspiro y otras llego en forma de tormenta. Teme la inseguridad de tus pasos, te espero pacientemente y, créeme, no tengo prisa por acompañarte.

Asume la única realidad universal en la inestabilidad de tu mente pálida y quemada por el Sol. Te aseguro que no duele, mi necesidad de compañía radica en la maldición del ciclo al que estamos sometidos y yo jamás olvidaré el momento en que llegué a convertirme en lo que hoy soy.

Vengo a por ti, olvídame durante 20, 30 o 50 años; al final llego y no hay escapatoria. No me interesa tu pasado, ni tus sueños o tus delirios, solamente me interesa tu dolor y vengo a robártelo.

¿Tenías miedo? Ya puedes dejarlo atrás, he venido para quedarme y acompañarte en el camino de la prosecución y, cuando por fin te suelte la mano verás que no fue tan terrible.

Te regalaré la única verdad que conozco, me llevaré tu dolor y tu agonía; te regalaré la sangre fría para que dejes de mirar a un pasado que no existe.

Vengo a por ti.

Tengo muchos nombres y no tengo ninguno, lo olvidé ya hace demasiado tiempo y  la inmortalidad tiene un precio muy alto. Soy una bomba sin remedio y tú, sí, tú que me miras atónito puedes hacerme explotar aun a sabiendas de que te marcharás conmigo mientras sello tu alma.

Altura

A veces, bajo la lluvia más torrencial de pensamientos me pregunto qué atesoraría solamente para mí.

La gran mayoría me contesto a mí misma que todos y cada uno de los detalles que compartimos son esenciales. Los sinsentidos e incluso las discusiones resultan encantadoras. Otras, se me olvida que somos independientes y entonces me enfado suponiendo que nunca debí haber dejado de ser una entera para ser media.

Me molesta esa desastrosa concepción en la que dejamos de ser y aquellas miradas que acusan tu compañía como imprescindible.

Me define lo especial que me complementa, el amor que describimos a un paso acompasado en el que si uno se adelanta, el otro espera sin prisa y con una sonrisa en la mirada.

Y a veces, sin ningún tipo de previsión invento una frase que resulta acertada a nuestra manera de ver, igualmente estrafalaria. Y, otras, en medio de horas muertas en las que no hablamos, no nos miramos y, ni tan siquiera nos tocamos; se hace la magia.

Habiendo dejado la mente en blanco durante más tiempo del que contamos, con una canción que no para de sonar y cómodos en el silencio.

Qué poco importa lo que digamos si con sabernos es suficiente.

Qué poco importa el tiempo si con vivirlo de las mil maneras más inesperadas conseguimos una vida plena.

Qué sorprendente y maravilloso es ser dos que forman miles momentos eternos sin miedo a que algún día la memoria nos abandone a la suerte de lo que la sencillez de nuestra compañía inocente nos regale.

La distancia que no nos empequeñece, sino que nos hace enormes es el regalo de mi vida si sé que el miedo no es la respuesta a la incertidumbre.

Qué sorprendentemente y maravilloso es ser dos que forman miles momentos eternos sin miedo a que algún día la memoria nos abandone a la suerte de lo que la sencillez de nuestra compañía inocente nos regale.

La distancia que no nos empequeñece, sino que nos hace enormes es el regalo de mi vida si sé que el miedo no es la respuesta a la incertidumbre.

Cambios

Dame una moneda, te juegas tu destino, hoy es el azar el que decide. Borra esa expresión tan aterrada, los cambios nunca fueron tan divertidos como aquellas veces que dependieron de la suerte.

Retrocede a la ilusión de la infancia en la que ya no pensamos y recupera tu vocación de entonces; probablemente querías haber sido bailarina, futbolista, astronauta o sabe quién qué otra opción que ahora nos resultaría absurda. Que ya no quieras dedicarte a ninguna de estas no significa que abandonases tu esencia, sino que descubriste otras miles que yacían esperando al momento en que las mirases con curiosidad.

Retrocede, esta vez, a la dulzura de la primera vez que abrazaste a alguien sin que te importase el lugar, el tiempo o las miradas indiscretas. En ese instante se encendería algo en tu interior y te lo digo con tal seguridad porque sé que a mi me pasó lo mismo. De pronto descubrirías que pocas cosas hay más poderosas en este mundo que un abrazo sincero.

Deja de mirarme con terror porque el azar juega a nuestro favor, porque no hay mala suerte en un lugar que emana vida allá donde miremos. No te diré que no hay días en los que podríamos hundirnos en un pozo sin fondo, todos hemos estado ahí, pero sí te diré que podemos tener días terribles a sabiendas de que somos felicidad a consecuencia de todo aquello que nos hace cambiar en mayor o menor medida.

Dame una moneda porque no importa si somos cara o cruz, pues a lo largo  de nuestra vida se nos concede el privilegio de elegir qué camino recorrer y mientras lo hagamos con corazón esa sucesión de cambios será la más bonita que hayas visto nunca.

Déjame llevarte al día en que fuiste consciente, por primera vez, de lo que significa amar a alguien. Amar de verdad, sin reservas. No importa la edad que tuvieras pues con el tiempo aprendemos a amar de 1000 maneras diferentes y eso es lo que te permite dejar de lado aquellos días en los que parece que la luz se marcha.

Dame una moneda, un segundo en la eternidad del universo y te diré que se aproxima un cambio. Cómo decidas recorrerlo es tu elección pero te contaré que el dibujo de tu vida es tan colorido y lleno de matices como tú quieras que sea porque te prometo que el azar no es sino la respuesta a las preguntas que no nos hacemos.

Besarte el corazón

Me pides que escuche tu corazón y solamente se me ocurre que oigo tu respiración. Me centro en el ritmo de tus inspiraciones y mientras tanto sé que has cerrado los ojos pensando que estoy escuchando tus latidos e intentas relajarte.

Me dices que deje la mente en blanco pero nunca se me ha dado bien eso. En mi cabeza hay una bomba a punto de estallar entre tantas frases aleatorias e inconexas pululando por mi mente como un caballo desbocado. A veces no consigo controlarlo y tengo la sensación de que se me acabará la razón algún día a tiempo y a destiempo: cada vez que me alejes para evitar que nos miremos a los ojos, cada vez que evitemos el silencio con alguna sonrisa que habla más alto de lo que quisiéramos; incluso cada vez que, sin querer, nos demos un abrazo pensando que podría ser el último.

Vuelvo a tu respiración y a nuestra realidad diminuta y frágil. Quizás demasiado frágil; y entonces pienso que si pudiese besarte el corazón entenderías todo lo que se me ocurre en décimas de segundos. Que entenderías todo aquello que soy incapaz de decir en voz alta y que por fin dejarías de tener miedo.

Besarte el corazón y que entendieras que hay personas que vienen a nuestras vidas para quedarse sin promesas o falsas premisas acerca del futuro. Con un presente brillante, delirante y tan insignificante para los demás que para nosotros sea el único posible.

Me preguntas qué pienso y querría decirte que me va a explotar la cabeza, que no concibo una realidad sin ideas absurdas pero que a veces me desgarra hasta dejarme sin fuerzas. Querría decirte que no sé escuchar corazones, solamente desearía besarlos y que a través de ese beso llegara todo lo que soy o lo que somos.

Pero me callo.

Callo porque hay cosas que no tienen sentido si las decimos en voz alta y, aunque somos imposibles, también somos perfectos a nuestra manera incomprensible. Y callo, también, porque ambos sabemos que tú no eres el único que tiene miedo y que yo, nunca fui buena revelando mis debilidades.

Así que me quedo pensando en las posibilidades que tengo  para poder besar tu corazón en un segundo que ya se me ha escapado mientras volcaba toda la esencia que me queda en unas palabras que te pertenecían antes de que yo supiese que existían.