20 de agosto, un día más no dejo de pensar en ti.
¿Qué pasaría si ahora te dijese que te quiero?
¿Qué pasaría si ahora te dijese que te quiero?
-Tengo miedo…
-¿De qué?
-De enamorarme.
-¿De enamorarte, cómo puede ser?
-Porque duele. Duele tanto que se me van las fuerzas en un suspiro…
Se apagan las luces. Comienza el espectáculo. La música empieza a sonar y entonces aparece ella. Es una chica normal, lo se porque la conozco, he hablado un par de veces con ella, pero ahora está encima del escenario y la chica dulce y tímida que yo conozco ha desaparecido, en su lugar contemplo a un ángel caído del cielo. La música suena, sus movimientos son ligeros y gráciles. Da una pirueta tras otra, todas son perfectas. Sus ojos abiertos en todo momento brillan de emoción, muestran que esos movimientos son parte de ella, el gesto suave de sus brazos nos hace creer de verdad que no le supone ningún esfuerzo.
Toda presencia en este teatro la sigue hipnotizada con la mirada. Ella nos transporta a otro mundo con su baile y su magia particular.
Han pasado unos diez minutos desde que empezó, pero se me han antojado unos pocos segundos, entonces muy a nuestro pesar termina. El ángel ha acabado su actuación pero no se rompe el hechizo, la magia está en el aire. Con una última reverencia ella se despide entre aplausos y el escenario se queda vacío, a la misma vez que la vemos desaparecer entre los telones, como si volviera a los cielos de donde ha descendido, a pesar de todo esa corriente mágica continúa en el ambiente haciéndonos sentir diferentes.
La danza de los ángeles, como así la he llamado yo siempre, no es solamente una serie de pasos combinados y muchas horas de ensayos que pueden verse frustrados en cualquier momento. La danza de los cielos implica amor, pasión, fuerza y delicadeza; dedicación pura del alma.
Adoro verla bailar porque cuando lo hace no es sólo en mí sobre quien hace efecto, sino en todo aquel que la contempla. Sé que ella es bailarina porque se despierta soñando con bailar y se acuesta pensando en lo mismo. Sé que es bailarina porque la primera vez que entró en una clase de ballet se quedó sin palabras y no quiso marcharse de allí hasta que terminó.
Ella morirá encima de un escenario, aclamada por miles de personas por haber conmovido el mundo, hasta entonces una noche tras otra subirá a infinitos escenarios y tejerá magia para nosotros al son de la dulce melodía de su acompañante, la música.
Es de noche y a penas queda ya nadie, los niños han marchado ya a dormir. Aquellos pequeños seres que son los que traen la magia a este sitio en realidad compuesto por máquinas muertas se han ido para seguir disfrutando en su mundo de fantasía. Ahora sólo quedamos unos pocos, tan solo alguna pareja que da su última vuelta en la noria de la vida y un par de grupos de adolescentes que quieren hacer su tirada definitiva en la montaña rusa; intentando averiguar cuál será su suerte.
Yo camino hacia ninguna parte y cuando me quiero dar cuenta veo que estoy frente al carrousel, repleto de luces. Y veo que yo soy el centro y que por una vez gira todo a mi alrededor. Me subo a la gran plataforma y de pronto comienza a girar. Miro a mi alrededor, no sé quién lo ha activado pero al ir fijándome en las figuras, veo sentados en ellas a cada uno de los hombres a los que he amado, a todos con los que he querido jugar, a aquellos a los que jamás acaricié y a esos que solamente pudieron hacerme daño. También veo mis miedos, algo más a lo lejos, difíciles de comprender; y también veo, por último a las ilusiones que ya perdí.
El carrousel gira a mi alrededor, me está mostrando todo aquello en lo que jamás he querido pensar, todas esas cosas que he querido olvidar pero que aun siguen ahí. Sobre todo veo a los hombres que solamente me dañaron, a mis miedos y a mis sueños inalcanzables…
No entiendo porqué, no comprendo qué es lo que puede hacerme tanto daño. Pero lo intentaré una última vez, una última vez me levantaré; antes de que mi carrousel se pare y las luces se apaguen para siempre…
Hace diez años me prometí a mí misma que nunca me enamoraría, que jamás me harían daño de nuevo y que nunca volvería a llorar. Tengo veinticinco, me he enamorado, me han hecho daño y mi corazón no ha dejado de llorar en quince años…
Y siento la libertad acariciando mi piel. El aire me recorre, me rodea y esa melodía inaudible a piano suena en mi cabeza, tan dulce y tan sincera que me rompe el alma. Y siento que por fin podré escapar de todo aquello que no ha hecho más que hacer sangrar mis lágrimas y mis manos. No sé a qué espero, no hay nada que ya me retenga y es que soy aire, soy esencia, soy alma y no soy nada, pero también todo. Correré hasta que mis piernas no aguanten más y entonces alcanzaré el fin del mundo, ya nada me retiene en una prisión que yo misma creé.
Soy libre, soy libre. Siento la palabra en mi paladar, en mis sentidos, en todo lo que me rodea. Por fin mi ansiada felicidad ha llegado para salvarme, para hacerme sentir de nuevo.
Soy libre y voy a llegar al fin del mundo para demostrarlo.
Perdida, desorientada, helada. Ha perdido el rumbo que ha de llevarla a puerto, el hilo que la mantiene en pie. Ha perdido toda ilusión, toda esperanza, ¿qué le queda?
Camina pero no sabe a donde, las lágrimas no dejan de caerle y es que no encuentra nada en su cabeza, no responde.
¿Por qué?
Tengo la facultad de perder todo aquello que me importa. Pienso y no logro comprender cómo siempre me las apaño para estropearlo todo. Pero qué te voy a decir, supongo que tú no lograrías entenderlo, a ti que siempre te han ido las cosas como has querido.
Y es que estoy tan cabreada, tan cansada de levantarme día tras día para caminar por la calle y observar ese vacío en el que creo vivir. Estoy harta, no hay más, claro que tú ahora estás con ella y eres incapaz de ver más allá de tu propia sombra. Dios mío, me tienes asqueada; pero no me canso de pensarte, de soñarte, de recordarte en mi piel, en mis sentidos; tu olor, tu sabor, tu risa… Aun así quiero dejar de perderme en el tiempo por ti, quiero borrarte de mi vida, quiero dejar de verte en cada rincón.
Desde que te fuiste he recorrido cada bar que se ha tropezado en mi camino, me he emborrachado hasta caer inconsciente y me he acostado con hombres cuyos rostros y nombres nuncarecordaré, pues en cada uno de ellos te veía a ti. Ni siquiera ebria de despecho he logrado olvidartepor un solo momento, te odio. Te odio y ni con esas dejo de quererte, de imaginarte con ella.
Pero esta es mi dicha, siempre pierdo aquello que más me importa y, pobre de mí, soy una maldita ilusa que siempre guarda ese sentimiento de esperanza que me engaña para luego caer de bruces contra la realidad y verte a ti, de nuevo, con ella y a mí en un bar que no había pisado antes.
De acuerdo, soy una estúpida. Me avisaste, me dijiste que esto no terminaría bien, que estábamos demasiado lejos para que funcionara. Pero yo insistí en intentarlo, te dije que no nos costaba nada, que perderíamos más si no probábamos siquiera. Y ahora mira, ¡mira! Me tiré al vacío por ti, inventé mil y una excusas para poder verte y ahora tú me dices que has conocido a otra y yo te digo que me alegro por ti. Miento, miento, miento. Mientras yo me trago las lágrimas tú me dices lo guapa y lo increíble que es, lo cerca que los dos vivís y lo bien que lo pasais juntos. La odio, la detesto y yo me callo…
Entonces te pregunto que cuánto hace que os conoceis y tú te quedas callado, no tienes ni las más mínimas agallas para decirme la verdad, para decirme que al día siguiente de irme yo, tú ya estabas de nuevo con ella, haciéndola reír con tus bromas y embrujándola con esa mirada que a mí me ha vuelto loca. No eres capaz de reconocer que probablemente cuando estabas conmigo pensabas en ella, en sus besos y en su olor…
De acuerdo, deinitivamente soy una estúpida. He estado tan ciega, tan absorta en nuestro «cuento de hadas» que ni siquiera supe darme cuenta de lo que había en tus ojos…Y lo peor de todo es que aun…aun hay algo que me impide odiarte, ¿por qué? Contéstame y dime porqué…
Anoche soñé que no existías, anoche soñé que mi corazón no estaba oprimido por un puño y que no dolía, pero esque tampoco lo notaba latir. No sentía nada; ni dolor, ni tristeza, ni amor; nada. El sueño se convirtió en una pesadilla, todo se volvió negro a mi alrededor y estaba perdida. Sabía que tenía que encontrar algo, pero no sabía qué y eso era lo que más miedo me daba.
De repente desperté, noté mis ojos llorosos, llevé mi mano hasta mi pecho y noté mi corazón, y al sentirlo también me di cuenta de que no habías desaparecido y, apesar de que ya no contestas a mis llamadas, apesar de que has decidido que no quieres ssaber nada de mí, me alegré. Sólo el hecho de saber que existes a mí me da la vida, aunque también me queme por dentro.
Si supieras que hay veces que te odio porque me dejaste probar tus besos y sentir tus caricias…Si supieras que me siento morir cada vez que te imagino en la cama con cualquier otra…Te odio tanto y aun así soy incapaz de dejar de quererte. Maldita incosciencia, no podría vivir sin ti, pero esque tú ya me has olvidado…