Relatos, descripciones y reflexiones

Categoría: Uncategorized

Clac

Clac. Clac. Clac.

Dana levanta la mirada del papel y escucha atenta.

Clac. Clac. Clac.

Dana se levanta de la silla, anda hasta su habitación y observa sin miendo en sus ojos.

Clac. Clac. Clac.

Ahí está esperando una vez más. Su miedo materializado en forma de agua.

Clac. Clac. Clac

Luz en el recuerdo

Hoy está lloviendo. Dana mira a través de la ventana y sonríe: le gusta ver la lluvia desprenderse del cielo negro que le envuelve.

Solamente escucha el agua golpear el suelo y eso le recuerda a cuando era una niña . Siempre salía a bailar bajo la lluvia y reía; reía hasta quedarse sin voz, y cuando entraba en casa se sorbía los mocos y ocultaba a mamá que estaba enferma. Simplemente sonreía.

Ahora está sola en su piso, no tiene a nadie pero esboza una sonrisa para sí. Le gusta recordar los años en que mamá todavía no se había marchado.

Melodías en el aire.

Ayer soñé que vivía en una casa de colores, cuyas puertas estaban hechas de ilusiones.

Ayer soñé que volaba cual águila real. En los cielos más altos sin nada que me impidiese imaginar.

Ayer soñé que viajaba a la Bahía Dorada de Nueva Zelanda y que allí la puesta de sol más bella del mundo aguardaba a mi llegada.

Hoy me he despertado con una sonrisa en la boca y una lágrima corriendo por mi mejilla derecha.

Dos palabras:

Dulces peculiaridades

Es simple:

«no tenemos derecho a enamorarnos.»

-Carolina Soler-

2/7

Dana escribe poemas mientras él recorre su espalda desnuda con la punta del dedo índice. La piel se le eriza y en silencio esboza una sonrisa.

Son las cinco de la mañana y siguen despiertos.

Dana está enamorada, pero sigue siendo una gata.

Cuidado.

A partir de las doce de la noche se llama Dana, se enfunda en su ligero vestido de color negro y calza sus zapatos de charol infinitos. Se pinta los labios de color rojo y sus ojos verdes se convierten en los de una diosa sin piedad.

Con parsimonia se perfuma en el cuello, las muñecas y el tobillo derecho; ahora un rastro de Valentino la acompaña en sus noches de locura cara y pija. Echa mano de su bolso D&G y por fin abandona su guarida.

Allá por donde pasa despierta las miradas curiosas de los extraños y más de uno queda hipnotizado por su olor. Dana camina sin mirar a nadie y por fin llega al lugar más escondido de la ciudad, donde sólo los más exclusivos tienen el lujo de entrar. Se sienta en la barra y pide en un susurro un Ángel Caído, que un camarero joven le sirve sin preguntar; se enciende un cigarrillo fino y fuma en silencio mientras bebe meticulosa.

Cuando no llevas más que media hora en el club y cuatro cigarrillos un chico de su misma edad se acerca y se sienta a su lado. Sin dirigirle la palabra le pide otra copa, esta vez un Daikiri, que ella toma sin rechistar y cuando ambos han terminado se miran y sin mediar palabra se levantan y se van al baño privado por el que pagan para que parezca una suite.

Dana se acerca peligrosamente a su boca y él sin contenerse más tiempo la agarra de la cintura con las manos  y la besa sin vergüenza alguna. Ella deja sus brazos muertos y permite que ese chico la toque sin miramientos. Juntos caminan por la habitación mientras que la locura les envuelve y por fin ella reacciona y le desabrocha el pantalón, le arranca la camisa y se tumba en la cama boca arriba esperando a que él caiga sobre ella. Entonces él la agarra de las muñecas, la aprisiona y ella contiene la respiración en un momento que se le hace terriblemente placentero y a la vez doloroso…El juego ha comenzado y los dos cuerpos ahora son sólo uno.

Dana es una chica que está loca y que solamente quiere jugar a los gatos un ratito…

Miau.

Y hoy me he sentido triste.

Porque por te he querido a mi lado, porque solamente deseaba que me abrazaras y que, por una vez, reconocieses que me quieres con locura y sin razón.

Hoy me llamo Bela

No me imagino la vida de ninguna otra manera. No me imagino rodeada de felicidad materializada en forma de niños sonrientes, ni poniendo la mesa día tras día. No creo que nunca  pueda llegar a reír solamente por ver el amanecer. Soy tan extraña, tan diferente a los demás que me doy miedo a mí misma. Odio reconocerlo pero es la verdad y aunque cara al mundo parezco una dura arpía, sé que en realidad probablemente siento con mas furia que muchos otros… 

Odio sentirme así de impotente.

El viernes es el día en que me gusta no poder recordar.

Me encuentro mal, creo que ayer bebí demasiado y puede que incluso tomara algo más que no fuera alcohol; pero no lo sé y bueno, creo que realmente me importa más bien poco.

Guardo un recuerdo borroso de la noche, de hecho, me parece que a partir de la cuarta pinta me transformé en la loca que realmente soy. Supongo que otra vez bebí más de la cuenta, flirteé con hombres y también con mujeres, probablemente me subí encima de alguna mesa para poder mostrar mis encantos de mujer dolida y, con toda seguridad, después alguien consiguió meter algún tipo de pastilla delante de mis narices y yo ni me inmuté.

Imagino que drogada hasta la médula me iría de aquel bar para meterme en uno aun peor; me encontraría con algún tipo solitario, de mi misma calaña y no tardaría en entablar con él una triste conversación que tendría como protagonista a los monosílabos a falta de palabras.

Me pregunto si intercambiamos miradas si, en algún momento él me diría que, al igual que yo, estaba tan solo que a duras penas era capaz de levantar la mirada del suelo. Me pregunto si cuando me llevó al cuartucho al que en ese bar llamaban baño, yo le di la mano. Me pregunto si cuando me aprisionó contra la pared y me besó hasta hacerme daño yo mostré resistencia alguna. Quisiera saber si alguno de los dos pudo aliviar sus penas durante unos minutos en medio del alcohol, las drogas y el sexo. Si cuando él me rodeó la cintura con sus manos temblorosas yo sentí algún escalofrío…

Sí, me gusta no poder recordar el viernes. Me encuentro mal…me duele el corazón.