Relatos, descripciones y reflexiones

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Hoy juego a ser una niña

Las dos comen pasteles de sabor a fresa y vainilla. Ríen lindo y se miran a los ojos, no importa el resto del mundo, porque por algo tienen ocho años dulces y sencillos.

Entonces la pequeñita de los ojos verdes se sienta muy tiesa muy tiesa y con aire de solemnidad levanta una manita, cual reina en su trono, y sin avisar ordena a su servidora con un gesto pequeñito, pequeñito que se marche. Entonces abre los ojitos cuya expresión es de rota seriedad y se echa a reír a gritos.

Es una actriz excelente y ya lo sabe. Su amiga la mira muy seria, porque ella no es menos y también quiere ser reina, pero en lugar de eso, se sube encima de la cama y comienza a bailar.

La otra se queda mirándola anonadada. No es posible que baile tan bonito, tan pequeñita.

Media copa, un cigarrillo entero.

-Dime qué es lo que te pasa. Por qué andas con esa mirada tan llorosa y una sonrisa tan rota.

-Me pasa que estoy cansada de sonreír dulce a quienes no quiero ver y de pintar mal frente a los otros.

-Y conmigo, ¿qué te pasa Dana?

-Me pasa que te quiero y no puedo permitirme el lujo de querer a nadie, ni siquiera a mí misma. Por eso cada noche salgo, bebo, me drogo, me subo encima de una mesa cualquiera, bailo y caigo al suelo inconsciente. Porque no entiendo qué hice mal, porque no quiero llorar nunca más.

Y en silencio, dejan pasar las horas de una noche que parece eterna. La pasan entre humo y copas, miradas y roces en las yemas de los dedos. Y es que Dana no puede qurer a nadie, es demasiado egoísta.

Está demasiado triste.

There are some times I think I’m always wrong, but then I look back at you and see you are the best thing that has ever happened to me. Then I come to think that if you hadn’t been here all this time my life would be completely broken right now.

For all these years you have been here, by my side I must say you will never disappear from my memories.

2/6

De entre los sueños más ligeros y las pesadillas más profundas siempre elegimos las pesadillas. Misterio ninguno; nos ecanta sentir el terror, la incapacidad de reaccionar, el peligro y el aliento de la muerte en nuestras mejillas.

A mi se me aparece en forma de niña, con su sonrisa inocente abrazando su peluche y cuando se acerca me mira a los ojos…

Puede que algún día pase, ¿no?

-Quiero enamorarme, ser feliz, comer perdices y vivir por siempre jamás. ¿Puedo?

-No lo sé. ¿Sábes? A mi me pasa exáctamene lo mismo. Estoy tan harta de esta clase de vida… que si supiese que al suicidarme hay otra mejor lo haría sin dudarlo.

-Pero no la hay. No hay absolutamente nada. Entonces, eso de enamorarnos y vivir con una sonrisa pegada al alma, ¿crees que lo conseguiremos algún día? A mi me gustaría, aunque fuese solo por un momento…

-Ojalá lo logremos…ojalá.

2/2

Se destapa porque tiene calor. Cual niña pequeña habla y sonríe en sueños. Disfrutando de su mundo de dulce fantasía.

Se remueve inquieta pero no deja de soneír, esta jugando al «pilla-pilla. Corre detrás de su amigo Álex que, travieso, sonríe esperando a que ella echa a correr para que, cuando esté Dana a punto de cogerle su cuerpo evanescente se esfume en el aire.

Dana se despierta y poruna vez no llora.

Última historia.

Me da la sensación de que estos días he aprendido más que en los inviernos que no puedo contar con los dedos de la mano.

Me presento: me llamo Dana y tengo 18 años. Sé que habéis visto mi lado malo, mi yo desesperada. Pero nadie ha visto nunca la última y tambén la primera histora…

Tenía cinco años cuando mi madre desapareció, cuando mi padre decidió que yo y era mayor como para volver a las cuatro o quizás las cinco de la mañana, para que se diese por satisfecho con traer dinero a casa y comprar el silencio de mi hermana de doce años.

Sí, tuve una hermana e igual que mi madre un día desapareció; de hecho, se suicidó. Su historia es simple: mi padre se acostaba con ella cada nohe cuando, después de haber sobado a cualquier otra puta volvía a nuestra casa y se metía en su cama. El día de su décimosexto cumpleaños amaneció en la bañera: blanca, pálida, inmóvil, envuelta en el frío.

Así la encontré.

Y según deapareció ella yo entré en escena.

Dieciséis años, hace tiempo que he dejado de ser una niña. Él no es más que un viejo al que le gusta regodearse en el escaso poder que le queda sobre mí. Está acabado.

Me acuesto con hombres ayores que yo, me ofrecen dinero y ninguno de ellos sabe la verdad. Soy abolutamente imposible para ellos.

Diecisiete y yo no siento absolutamente nada, todo he perdido. Hasta esa noche…

 

«A partir de las doce de la noche se llama Dana, se enfunda en su ligero vestido de color negro y calza sus zapatos de charol infinitos. Se pinta los labios de color rojo y sus ojos verdes se convierten en los de una diosa sin piedad…»

 

 

 

Continúa…

1/4

Me gusta cuando me odias, cuando me miras, cuando me rechazas. Me gusta porque se que no te has olvidado de mí, porque sé que no te soy indiferente, porque simplemente no has logrado olvidrme.

Me gusta y me llena de satisfacción que seas incapaz de hacerlo, soy mala y no me importa reconocerlo. La maldad es mi virtud y me enorgullezco de ello.

1/2

Días como los de hoy son los que hacen que me pregunte qué es lo que quiero de verdad. Piano,  y una amenazante tormenta se cierran a mi alrededor y tengo ganas de gritar al mundo que estoy viva y que nadie podrá conmigo.

Cualquiera diría que hoy es un día triste y feo…a mi no me lo parece. Me sonríe increíblemente triste y bello empujándome a luchar, a seguir, a vivir, a caer y a levantarme de nuevo, a sonreír a la oscuridad cuando quiera envolverme.

Sí, me gustan los días como hoy, no preguntes porqué: no hay explicación racional. Entiendo pocas cosas pero una de ellas es que me gustan los días amenazantes a tormenta, a furia y a libertad.

Dulces sueños, dulces pesadillas para ti. Yo ya estoy despierta.

Asqueada, perdida, enfada, dolida, sangrienta.

 

Estoy asqueda, harta de que te burles de mi. Aburrida de verte flirtear conmigo y con ella, con la otra y conmigo de nuevo. Perdida porque no se qué hacer cuando no estás y tampoco cuando estás. Absolutamente enfadada, tanto que no me salen las palabras para decirte lo mucho que te odio, solamente las lágrimas del dolor que me corroe por dentro sin tú saberlo. Vivo en una miseria ensangrentada de desilusión cubierta por una fachada de insubordinación.

Todo se resume en un «te quiero» pero Dana y Bela están tomando juntas un café y jamás reconocerán que una está enamorada y la otra está muerta sin saberlo.