Relatos, descripciones y reflexiones

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Respirar…

Cuando dos personas tan diferentes se encuentran y se miran por primera vez el mundo podría caerse en pedazos. Una sonrisa de desdén y una mirada recelosa por parte de la otra, abren una puerta nueva sin que nadie se dé cuenta. Porque ambas saben que en cuanto intercambien la primera palabra todos los prejuicios desaparecerán.

Y me acuerdo de aquella primera vez en que me miró, noté su mirada inquisitiva y despacio me giré para comprobar que no era otra de mis fantasías extrañas, de esas que solamente ocurrían en mi cabeza. Cuando se percató de que me había girado ya era demasiado tarde, ella estaba ensimismada y yo no podía apartar mi mirada de sus ojos verdes, extrañamente grandes. Entonces, para mi sorpresa, sonrió. Curiosa reacción si me paro a pensar, fuera de toda lógica. Lo más normal hubiera sido que huyera de alguna manera u otra. Pero no lo hizo. Yo llevaba mucho tiempo buscando a alguien diferente a mí, alguien a quien no le diese vergüenza mirar y sonreír, alguien que construyese un mundo aparte en un intento de dejar de sufrir todas las malicias de nuestra realidad.

Buscaba a alguien que volase al dar un solo paso, que con un gesto y un roce de su piel echara a temblar el mundo entero. Alguien que con dos palabras escribiese un libro entero sobre realidades distintas a la cruel en la que nos obligaban a vivir. Que sin proponérselo, tan solo con una mirada, ya me hiciese soñar.

Estaba ahí y no podía irse, no podía porque cuando  lo hiciera yo moriría y por una vez no deseaba hacerlo, pedía un día más. Esa noche nuestros cuerpos se fundieron a fuego lento en una danza de caricias, toqué cada centímetro de su piel y olí su perfume a dulzura…

Y cuando la vi dormir me di cuenta de que la quería más de lo que había querido a nadie nunca.

Respiré por primera vez en muchos años.

Ayer Bela y yo tomamos café por primera vez en mucho tiempo. Nos decidimos a hablar sin secretos y sin barreras. Y lo conseguimos.

Lo curioso es que al hablar con ella noté que había algo diferente en sus ojos, algo que, aunque ella no quisiera reconocer, parpadeaba como una lucecita que intenta hacerse más y más fuerte. Le pregunté qué era lo que la estaba haciendo cambiar y me dijo que nada. Sí, incluso habiendo dicho que hablaríamos abiertamente ella nunca puede contar todo. Así es la pequeña…

Pero aunque desviase la mirada para que yo no deshiciera su muralla resquebrajada, pude ver que la tristeza muda que solía acompañarla se había disuelto y ahora ese halo no la devoraba.

Hablábamos de cosas banales, sin importancia cuando nos quedamos en silencio… Ella apartó la vista, como ya era costumbre suya y yo escudriñé sus gestos. Entonces me di cuenta de que había alguien, alguien que la estaba haciendo cambiar, alguien que estaba consiguiendo que dejase fluir esa luz con la que soñábamos todos, que ya nos parecía haber imaginado…Estaba tan bonita…

Esta mañana me han llamado del hospital, hay una chica que se llama Bela, que dice ser mi hermana. No tengo ninguna hermana pero ella no tiene más familia. Cuando he llegado al hospital le he preguntado que dónde está él y lo único que me ha contestado ha sido: esperándome…

Después cerró los ojos, dejó su mano apoyada en la mía y la vi irse volando para reencontrarse con él…

Esa luz…sí, es ella..¿no?

Te echaré de menos pequeña.

Desaparición, desesperación. Ruinas.



Por las noches no puedo dormir, las lágrimas asoman mis ojos y las heridas se abren de nuevo. Las pesadillas se ocupan de que no quiera cerrar los ojos y así vivir en el tormento del vacío que me rodea.

Los corazones dicen sanan con el tiempo, comienzo a dudarlo. Permítanmelo.

Últimamente he hablado con personas que desean querer, con personas que no quieren querer y otras tantas que dicen no poder olvidar. ¿Qué es al final amor? Sino otro paso más para odiar, para llorar, para perder y aborrecer.

¿Qué es el amor sino otra trampa más, otro juego más de nuestra vida?

Nos movemos al son de una música inaudible que nos maneja a su antojo, cual muñeco voodoo. Mentiras y desprecio.

Piden que veamos el lado positivo de las cosas pero, ¿cuál es? No lo veo, hace tiempo que desapareció y, con él desesperó mi mundo entero convirtiéndose en ruinas que nadie reconstruirá.

Firmado, Bela.

Dulce, suave, silencio.

Histérica, histeria, histérica, histeria.

Sentada al borde de la cama se balancea hacia delante y hacia atrás en un intento por calmarse, por recuperar el control perdido. La sangre mancha sus manos y su camisa blanca. Sus ojos están vidriosos, muestran que ha desconectado del mundo.

Ha visto una muerte dulce pero no puede decir nada, ha perdido cualquier palabra. Sus letras han volado. Se ha encontrado a una niña perdiendo sangre, en la bañera, inconsciente, muerta o viva; inconsciente. Se ha acercado y ha rozado sus muñecas que no dejaban de emanar muerte y se ha manchado. Sus manos y su camisa están sucias.

En casa  ha tomado de un trago una copa de vino y se ha mecido, sin resultado alguno. No se lo puede decir a nadie, no se lo puede decir a nadie.

El teléfono suena pero nadie contesta, sus sentidos no reaccionan al timbre.

Eternidades… En la antigua Roma, llamaban a la muerte dulce a aquella que se producía cuando alguien se cortaba las venas y, para no sentir dolor, se metía en agua caliente de manera que al roce con las heridas, éste menguase.

Ahora ella ve aquellas heridas en su mente, en su recuerdo, en su vida. Son de las que nunca sanan.

Un hilo fino de sangre recorre su labio frío y sin vida. La muerte dulce no existe.

Histeria de un final que nunca fue dulce.

Hay días que cuando me levanto y miro al cielo todavía está oscuro y me gustaría volverme a dormir pero no puedo. Intento recordar qué es lo que he soñado pero nada me viene a la cabeza, solamente el recuerdo vago de una de las pesadillas que tuve mientras dormía y que me arrancó las lágrimas en sueños y en realidades de las que no me puedo evadir nunca.

Dicen que nunca se debe decir jamás, pero el dolor que me corroe las entrañas me quema el alma y el corazón. Y me gustaría ser la chica que era antes, aquella de la cual decían tenía una luz diferente y brillante. Me gustaría volver a reír hasta llorar y no preocuparme por nada. Pero todo eso ha desaparecido y no queda de mi absolutamente nada.

Absolutamente nada. Recuerdos, tiempo y soledad.

Firmado, Bela.

1…

Me dijo que no pasaría nada, que todo iría bien. No fue así. Perdí, corrí, luché y perdí de nuevo. Se rompió mi alma en pedazos.

Echo de menos tu frialdad, Dana.

Firmado, Bela.

realidades

No puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser. Quisiera no recordar, quisiera que fuera viernes para no poder recordar. Porque el viernes es el día en que me gusta no poder recordar. Porque es el día en que después de una larga noche no recuerdo nada de lo que ha pasado.

El tiempo fue lo de menos, los recuerdos son los que atormentarán. No entiendo nada, no puede ser.

Hoy es uno de esos días en que podría decirse que nada sale bien. Uno de esos que piensas que te has equivocado de época, de lugar y de vida. Porque no es posible que tantas cosas salgan mal tan de pronto. Es decir, ¿cuál es el problema? os estaréis preguntando. Pues el problema es que el amor existe, y que por eso quiero no creer en él. Porque es lo de siempre, te enamoras de alguien, piensas que igual esa persona también te quiere, te armas de esperanza y de ganas de abrazarla y, de pronto, nada existía de verdad. Todo era tu imaginación y tus ganas de vivir un poquito más. Entonces te das de bruces contra la lógica, a la que no has hecho caso en todo este tiempo porque has estado demasiado ocupada pensando en las musarañas.

Así es como se puede destrozar tu vida; en un momento. Por eso es por lo que decides no creer en el amor, porque te cansas de tener que sobrevivir a batallas como esta, porque todo es una guerra interminable.

Una noche, tú estás bebiendo café en algún lugar cutre, pensando en lo cruel que puede ser tu mente, diciéndote a ti misma que la has vuelto a joder, y eso que ya tenías experiencia y te habías decidido a no volverte a enamorar. Pero mírate, ahí estás, bebiendo café sola. Sin más compañía que la realidad, ¿no es así?

Firmado, Bela.

Medias sonrisas.

Esa media sonrisa que se le dibujaba cuando veía mi torpeza me cabreaba y me encantaba…

Now or never.

De nuevo sale. Una noche más, una última noche. Quiere volver a verle, quiere despedirse.

La lluvia arrecia su rostro, pálido por la enfermedad que se la come por dentro. El viento le azota el cabello revolviéndoselo sin piedad. No importa…

Camina sin saber adónde, solamente sabe que quiere despedirse de él. No se volverán a ver nunca. Cuando llega al local de siempre, completamente mojada y con lágrimas batiéndole el rostro, él al verla se levanta aprisa y la abraza con fuerza. Le pregunta qué le pasa una y otra vez, pero ella no contesta. No tiene fuerzas para hablar.

Se deja conducir hasta un rincón apartado y, mientras él le quita el pelo de la cara, ella sigue llorando en silencio. Entonces reacciona y le dice que se ha acabado todo, que por fin ha llegado la hora de marcharse. Él la mira sin comprender; tonterías, se dice a sí mismo una y otra vez. Mas entonces ella le da un beso, uno como nunca antes le había dado. Mezclado con las lágrimas y la desesperanza, sintiendo su mano suave en su cara. El mundo se para durante un minuto.

Ella se levanta de la silla y se va, en silencio. Muda. Y de nuevo camina.

La noche es tormentosa, las olas arremeten contra las rocas del acantilado. Dana mira a su alrededor y sólo ve la lluvia caer. Está sola, nadie la detendrá, es ahora o nunca. Da un paso más y se ve al borde del precipicio. Es ahora o nunca…

Salta y cuando lo hace siente la adrenalina recorrer su cuerpo, cierra los ojos y cuando siente su choque contra el mar nota como mil clavos helados atraviesan su cuerpo. Se deja llevar por la corriente, no hace fuerza, no abre los ojos, no se esfuerza por salir a la superficie aunque necesite aire. Una nebulosa barre su mente, ya no le duele tanto el cuerpo… Ya no nota los clavos… Parece que morir no era tan difícil… Fue bonito mientras duró.