Relatos, descripciones y reflexiones

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Deshecha

Estatuas en el tiempo se erosionan por el paso de las palabras en el viento. Las miradas del pasado acechan al futuro, amenazando su existencia dura, fría, cobarde. Se desliza en la noche con sus movimientos gatunos, silenciosos… Deseando poder desvanecerse cuando quisiera, borrando las lágrimas invisibles que recorren su rostro mientras intenta recordar un día que ha pasado como en una nebulosa de alucinaciones.

Una jeringuilla, un salón contaminado por el humo de ideas marchitas, su brazo extendido y una aguja atravesando su piel; risas sin sentido y una mano torpe sobre su pierna es lo último que se le aparece, y la verdad es que no quiere recordar más, no le importa cada vez menos; solamente quiere su dinero y olvidar, olvidar, olvidar…

Porque está cansada de levantarse, porque ha decidido que nunca más intentará que le escuchen, porque se ha dado por vencida antes de tiempo.

Pero qué importa…si es cobarde y no es capaz de mirarte a los ojos quizá, Destino mío, no sea digna de volver a ver un día soleado o de oler la humedad en un día de lluvia fina, de esa que cuando sonríes te baña esos ojos verdes.

Nada.

Permíteme que te acoja entre mis brazos, permíteme acariciar tus lágrimas deshechas en pedazos de cristal. Dame tu consentimiento para trasladarte a un mundo en el que la felicidad no es un mito, un lugar en el que los pasadizos no te miran con sus ojos invisibles colmados de súplica.
Deja que el tiempo se pare, o que corra hasta que se agote y entonces todo quede en nada, será lo mismo. Cierra las manos y aguanta todo este infierno porque estoy llegando, ya sólo me quedan unos segundos para alcanzarte y, cuando lo haga, se que sonreirás y llorarás para que recoja el rocío de tu mirada.

Por fin serás feliz, habrás dejado de soñar. El tiempo se habrá agotado, la felicidad será una realidad, el dolor se habrá marchado y ordenarás que alguien sufra tanto como lo hiciste tú toda tu vida

 

Inmortal

Daba paseos por el infierno que se le antojaban caminos de rosas: era su castigo por mentir, manipular y destrozar una vida tras otra. Pero no le importaba, no conocía el bien, no recordaba lo que era ser humano y conceder una caricia.

Llevaba meses sin decir una palabra, sin esbozar una sonrisa. Le era más fácil así pues para qué molestarse en sentir algo que pronto habría de desvanecerse. No merecía la pena.

Y una noche, en que la luz de la luna era inexistente y la temperatura era algo más fría, cerró los ojos y una imagen fugaz asomó por su mente: unos ojos. Una mirada de cristal… Su mirada, aquella que había olvidado y venerado más que a nada de aquel mundo, pues los recuerdos al final no eran más que un esfuerzo por mantener vivo algo que ya había muerto.

La recordó a ella, pensó en sus manos de porcelana y su olor a libertad y la imaginó corriendo entre los árboles que le susurraban al oído los secretos de las ninfas. Y por una vez durmió porque ella sí que era para siempre, porque Amara era inmortal en cualquier mundo, porque ella todavía respiraba en él…

Corazones

No se puede romper un corazón que ya está roto, que nunca ha estado sano, que siempre ha sido un sucedáneo de humanidad. No se puede intentar llegar a un corazón que no existe como eso que llaman sentimiento.

La respuesta de alguien que lo tiene así siempre será que no quiere a nadie, que no sabe lo que es querer hasta volverse loco, que no entiende las lágrimas de una persona que se desvive por aquella a la que ha entregado su corazón…

Que me explique alguien, quien sea, cuál es el sentido de todo ese sufrimiento. Que alguien me diga si de verdad merece la pena, porque yo no lo entiendo.

-X.m-

Reacción química por fin controlada

Hoy he descubierto que ya no me importa, he tenido tiempo para pensar y he sopesado todas mis posibilidades y mi conclusión ha sido que no le quiero y que no me importa. Me encanta pensar así, me encanta volver a ser la de antes, la que todo el mundo me decía se parecía a Dana… ¿Os acordáis de Dana? Aquella gata solitaria de ojos verdes y afilados; que salía y dejaba un rastro de inmortalidad tras de sí. Ella se parecía a mi, recordad que fui yo quien la creó y que sin mí ella nunca hubiese existido y, recordad también, que cuando ella murió una parte de mi se esfumó con ella.

Porque fue entonces cuando me volví vulnerable frente a su manera de hablar, su forma de mirar y el color a dulzura de esa sonrisa tan encantadora que te robaba el corazón y se llevaba tu cordura. Supongo que es eso que suelen llamar amor, eso que dicen que tiene que volverte loco pues si no te vuelves loco por amor, nada merecerá la pena. Pero a mi me robó algo más, me robó la fuerza que tenía, la única manera que tenía de protegerme era fingir que no sentía nada y él acabó con eso. Y me volví débil. Me convertí en una criatura mansa, reprimí mi maldad por quererle y al final no sirvió para nada.

Lloré cuando me dejaste, cuando me cambiaste por cualquier otra, cuando comencé a imaginarte con ella en la cama acariciando su espalda mientras la mirabas a los ojos. Después te odié y grité hasta quedarme sin voz y al final dejé de pensarte y de recordarte, para olvidarte creé un pozo de vacío en mis sueños.

Y hoy sin querer mi mente ha volado hasta ti y me he dado cuenta de que simplemente has desaparecido de mi vida entera. Porque soy única y tengo la capacidad de olvidar, de odiar y de no querer.

Porque nunca me enamoro, porque soy tan egoísta que nunca voy a querer a nadie.

Yo no me enamoro.

Castillos en el aire.

Siempre estás distraída, todo el día pensando en las musarañas. Me pregunto qué estarás pensando… Pero me encanta verte tan feliz, ver que puedes ir a sitios que son solamente tuyos, construyendo castillos en el aire.

De pequeña soñaba que daba dos pasos agigantados y que entonces volaba y luego, ilusa yo, corría por el jardín a ver si podía de verdad. No era capaz de distinguir del todo la realidad de mis sueños y cada vez que no se hacían realidad o que uno de mis sueños resultaba ser mentira me desilusionaba y lloraba en un rincón a lágrima viva esperando a que alguno de los grandes entendiese mi desesperación.

Y luego llegaron las pesadillas. Ya no podía dormir bien, todas las noches me despertaba con el corazón en un puño asustada de mi propia sombra y ya no dormía más en toda la noche. Es más llegó un momento en que me empezó a dar miedo quedarme dormida, temiendo lo que pudiese pasar…

Entonces te conocí a ti, que siempre sonreías y me decías que respirase hondo y que no me preocupase. Me hacía gracia porque no te creía pero sólo con escucharte ya me sentía mejor y un poquito más feliz.

Te debo tanto… No eres capaz de imaginarlo, pero cada vez que te doy las «gracias» me preguntas que por qué y me dices que yo te he ayudado más de lo que tú a mi, y yo no lo entiendo, te pido que me lo expliques y me dices que algún día lo entenderé.

Quiero saber qué se pasa por tu mente…quiero saber para poder quererte del todo.

Quiero quererte como si volásemos juntas en un cielo en el que los sueños y los castillos en el aire son de verdad.

No tener miedo a nada es no tener esperanza.

Me duelen los sueños… Últimamente no hago más que verte como si un espejismo fueses y apareces en cada esquina que doblo y en cada frase que pronuncio.

Te aborrezco porque cada vez que nos encontramos tu aliento helado me envuelve y me lleva consigo. No entiendo por qué estás jugando tanto, ¿por qué no me llevas de una vez por todas contigo? ¿A qué esperas? No piensas contestarme, ¿verdad? Lo harás cuando a ti te plazca, se que no me equivoco.

Y te dedicas a asustarme en sueños, a alardear de tu poder sobre mí, pero la verdad es que estoy empezando a perderte el miedo…Cuando estás muriendo lentamente llega un momento en que tú misma te conviertes en mi mejor amiga, así que deja de intentarlo pues una vez más soy una persona sin miedo, una persona sin esperanza…

Scars

Dios, la echo tanto en falta… Añoro su cuerpo enredado en las sábanas y las horas en silencio de su mirada rota, perdida en un mundo con el que yo no puedo ni tan siquiera soñar. Su etérea compañía batiendo los resquicios de mi soledad usurpada y custodiada por las sombras señoras de mis pesadillas.

Pudiérela hacerla volver de entre los muertos, rescatarla de las garras frías de Poseidón y del sabor de la muerte conquistada por Hades.

Desearía borrar cada exacto  momento en que era derrotada por los monstruos de su mente y poder mantenerla junto a mi; y así, contemplar su cuerpo cicatrizado por aquellas heridas que nunca desaparecen, por los puñales que clavaron en su corazón, en su vida…

Without a heartbeat

Sin el latido de su corazón, sin escuchar su respiración agitada y agonizante rogando humillado por su vida. Sintiendo su sangre en mi piel, acaricio el suelo desnudo y me rindo a la muerte y a su sabor a deseo de enfermedad, de dolor, de destrucción.

Soy su mercenaria, soy su esclava y su leal compañera. Utilizo mis ojos cual basilisco, mi voz de sirena y mi encanto de ninfa desterrada al submundo. Para saciar mi sed de venganza, para abrir mi puerta al infierno…por hacerte sufrir todo lo que me dolió a mi hasta las entrañas.

Y ahora que has muerto me queda tu cuerpo sin vida. La sensación que me recorre me satisface y me repugna, porque sin el latido de tu corazón no tengo nada excepto una entrada al lugar que tú quieras…

Una vez quisieron llamarlo Infierno.

Oportunidades.

Desencuentros y miradas rotas por el dolor de mil patadas que apuñalaban sus sentidos.

Se buscaban sin saberse, sin conocerse, sin pensarse. Escudriñaban cada rincón en busca de un atisbo de felicidad en sus vidas, cuando su fe en el amor no existía. Cuando hablaban de éste como una sarta de tonterías que solamente creían aquellos ingenuos que jamás habían experimentado el desamparo.

Y no fue un día especial el que se conocieron. Ni lluvioso ni soleado, los pájaros no revoloteaban por doquier y no sucedía nada que valiese la pena remarcar. Pero fue cuando se cruzaron sus miradas. Cuando, entre bromas y cigarrillos que dejaban se consumiesen por sí mismos, establecieron un vínculo que no podían ni tan siquiera imaginar. Sin embargo ya estaba ahí y a cada gesto o mirada se hacía más fuerte y no tardaría en mostrarles lo equivocados que ambos estaban.

Derrotados por algo contra lo que ninguno pudo luchar por un solo momento hablaron durante horas. Se contaron las delicias de sus pesadillas y permitieron que sus corazones se liberasen del peso en el que los tenían encerrados. Ni aun entonces fueron capaces de reconocer lo que ambos estaban sintiendo como una tormenta enfurecida en su interior: su alma bailando jubilosa por primera vez en muchos años, pujando por salir y deseosa de liberarse de la prisión lógica que tanto tiempo llevaba encerrada.
Saltaron la barrera, se besaron sin pensar. Miraron las estrellas del cielo ennegrecido y una luna existente. Permitieron que su sangre corriese ardiente en una noche fría. Una de tantas; nada especial, nada que merezca la pena recordar. Simplemente sus miradas se curaron.

La búsqueda mereció la pena.