Relatos, descripciones y reflexiones

Categoría: Uncategorized

Por ti, Pedro.

Perdóname…perdóname por estar tan enfadada, por odiarte por habernos dejado tan pronto. Perdóname por estar llorando cuando sé que nos regañarías si estuvieses aquí.

Perdóname por no haberte dicho que te quiero y que daría el alma por que volvieses. Por no haber sido capaz de reconocer cuantísimo te necesito hasta que te has ido… Perdóname por decir que te has ido, porque no lo has hecho y nunca lo harás, pues te recordaremos ahora y siempre. Tal y como eres, feliz y mirando a la vida con un par de cojones. Sin dejar que nada ni nadie pueda contigo.

Vuelve por la mañana y dime que solamente ha sido un susto y que todavía no te ha llegado la hora de irte. Te queda tanto por vivir que me muero de la rabia y se me parte el alma al pensar que no estás. Porque  te necesito… Te necesitamos aquí, en nuestra vida.

Y que alguien me explique porqué demonios has tenido que ser tú el que se vaya. Quién ha tenido el valor de alejarte de nosotros. Que alguien me lo explique y me obligue a reaccionar, porque no puedo ni escribir.

Y me estoy dejando la vida en cada letra y en cada lágrima que no puedo evitar derramar. Porque por primera vez en mi vida no encuentro la manera adecuada de expresar todo lo que debería decir. Y te necesitamos…

Ahora y siempre. Te quiero Pedro.

Te queremos y te echamos de menos.

Por Pedro

Y no te marcharás, no tan fácilmente.

No te dejaremos ir, tenlo claro. Te recordaremos una y otra vez, una y otra y otra. Hablaremos de tus chistes malos, de tus fetichismos. Nos contagiaremos de tu energía indestructible, insaciable, positiva y siempre curiosa. Y recordaremos tus poemas, tú magnífico escritor, que me dijo una vez que era su vía de escape. Ojalá yo tuviese tu mismo valor.

Y pensaré en cómo al verte por las mañanas gritaba un escandaloso «Peter». Sin saber por qué el verte nos sacaba una sonrisa a todos.

Por ti, por tus recuerdos, por tu futuro. Descansa en paz, amigo. Te vamos a echar tanto de menos…

Querida y no tanto.

Y se desmorona.

Cualquier asomo de identidad definida ha dejado de existir en su vida. Su casa ya no es suya, es demasiado grande para una sola persona. Ya no la necesita, ya no necesita ese ático vestido de falsa elegancia por una madre que nunca ha existido. Decorado en burlas y vanos intentos de hacerle creer que algún día iría a verla.

Desdichada Dana. Permitidle estar destrozada, es más vulnerable de lo que ella quisiera. Y está cansada de recordar el pasado e imaginar el futuro.

Pequeña amiga infalible, duérmete de una vez por todas y no te despiertes. Pelea contra tus propios demonios.

El destino es el destino.

Los dias de resaca: los mejores

Y de volver a las andadas, más puta y más zorra que nunca, más fría y menos recordada que en cualquier otro momento de su vida.

Le encanta y a la vez es miserable, insegura, aburrida: estúpida. Ya no le importa nada, no debería haberle importado nunca, tal y como predicaba siempre. Sus palabras necias y sordas rebotan en las cuatro paredes de su guarida absurda.

«No importa, da igual, no es importante.» Se lo repite continuamente y no se lo cree, es ridícula. Un burla esperpéntica en una época alienada y radicalmente especial en su vida…

He vuelto.

Más fuerte que nunca, tan fría y desquiciada como siempre y más triste que la solitaria eternidad, pero no importa porque sigo mi propio camino ahora y para siempre. Sin ti, sin él y sin mi sonrisa imposible de recomponer. Deshecha y forjada en el infierno, desilusionada por la vida y las mentiras que ahora yo creo a semejanza de mi maldita imagen.

He vuelto y no creo en el destino ni en la casualidad, pues ellos rompieron los hilos delgados y frágiles de mi vida anterior. Porque la casualidad quiso que yo estuviese en el lugar equivocado en el momento perfecto, cuando vi en tus ojos a alguien que no eras tú obligándote a romper todos mis sueños plasmados en palabras, aquellos que nunca tuvieron la voz suficiente para gritar y convencerme de que el mundo podía estar a un paso de la luz eterna del Sol, ésa con la que siempre soñé. Así que ahora me toca, por fin, cobrar lo que nunca merecí.

Y ahora y ayer; sueño con tus ojos suplicándome misericordia pues te odio. A ti y a él.

Y tus ojos llorarán sangre cristalina a la par que yo aplaudo a mi delicada psicopatía. Siempre bella y ligera, dulce acompañante.

Te odio y te añoro pero te mato…una y otra vez sueño con tu vida corriendo sin sentido por mis manos.

 

 

Luces

Cuando la lluvia cae en su mundo particular hay algo que le atrae para volver…Solamente una cosa y es que no puede evitar pararse a mirar sus ojos verdes.

Cada noche sale a pasear por una ciudad que duerme durante unas pocas horas, camina por cada calle y descubre cada rincón una y otra vez y cada vez que llega a ese parque y la ve ahí sentada se pregunta qué estará haciendo a esas horas, cuál será su nombre. Qué encerrarán esos ojos que se le antojan tan dulces en la penumbra. Y cada noche se plantea acercarse a ella pero le da miedo que escape como un animal asustado y no quiere perder ese espejismo delicado, efímero.

Una noche de tantas él se abre camino a través de los pensamientos dormidos de la gente que intenta descansar de sus pesadillas diurnas y cuando llega a su sitio final no la ve, no está ahí. Se pregunta qué habrá sido de ella pero no se marcha. Se sienta en el banco que ella habitúa y espera una hora…dos, tres…pierde la cuenta y ella no aparece pero el sol sí lo hace. Su tiempo se ha acabado.

Vuelve, una noche tras otra y ella ya no está pero su esencia sí, su perfume… Hay algo que le impide marcharse hasta que amanece. Lo que antes era una aventura se ha convertido en una espera desgarradora, intranquila y no sabe si cambiará algo el hecho de que él esté ahí durante tantísimo tiempo, pero no puede dejar de recordar su mirada perdida, sus manos reposando con calma sobre sus piernas, la punta de sus pies sobre el suelo bailando a un compás inaudible para cualquiera excepto para ella. No puede evitar pensar en su sonrisa, aquella que nunca vio.

Sus palabras, aquellas que jamás llegó a escuchar; su pelo cayendo sobre sus hombros finos. Su piel escondida.

Y una noche en que la Luna brilla más que de costumbre se encuentra una libretita en el banco de siempre. Y sin poder evitarlo la abre y mira…

«Gracias por regalarme estas noches, por dejar que te persiga y te mire sin que te dieses cuenta. Gracias por venir a verme cuando no tenía a nadie más a parte de la Luna. No me esperes más, no podré volver y siempre recordaré lo que nunca llegamos a hacer; tu nombre desconocido, tus ojos escapando la noche…

Y te esperaré en un mundo mejor. Un mundo en el que el viento nos arrancará una sonrisa; un mundo en el que la felicidad nos susurrará al oído. Un lugar que escuchará nuestro aliento cuando dejemos de correr, donde todo lo que no hicimos en esta vida dejará de parecernos importante

Pero hasta entonces quiero que vivas por mi, por ti, por los dos. Deja de correr y descubre cada asomo de magia, cada risa y cada mirada. Te pido que amanezcas cada día pensando en todo lo que te queda por vivir.

Nos veremos antes de lo que esperas. El tiempo volará.

Dana.»

Incrédulo levanta la mirada y sonríe por primera vez en mucho tiempo. Tiene mucho por lo que vivir, mucho por lo que respirar. Así que por primera vez en meses se va a casa antes de que amanezca y cuando se tumba en la cama nota su cuerpo ligero y cómo poco a poco Morfeo abre sus brazos y le acoge…

Hay mucho por lo que vivir.

«Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.» -Mahatma Gandhi


6 días y 7 noches en este sitio. Dicen que me curaré. No les creo. Son las tres de la mañana y sólo escucho la respiración de mi compañera entubada y las risas vagas de las enfermeras que fuman cigarros que luego dejan se consuman sin sonrisad.

Odio este olor, no huelo más que soledad y un pesimismo que acecha cada esquina que doblo, cada pensamiento que imprimo, cada resquicio de ambigüedad.

Ayer paseé por un jardín y vi a una pequeña, de unos 7 años quizá, intentando cazar mariposas de colores en el aire, pero sus manitas débiles a duras penas obedecían. Más tarde pasé por delante de su habitación y no pude evitar pararme al ver cómo una aguja atravesaba su piel a la par que cuando ella notó mi presencia, me sonrió con la mirada. Y cuando me percaté de que una lágrima corría por mi piel fría no dudé en echar a correr con la imagen de su sonrisa de cristal, compuesta por la certeza de aquel que sabe que va a morir, clavada en mi cabeza.

Y no dejo de ver sus ojos negros perdidos en este apocalipsis controlado; no dejo de imaginar una y otra vez cuántas almas se habrán perdido en este sitio tan apático. Quiero saber si merece la pena, tengo curiosidad por verla a ella, por sentir su piel fina, delicada… Sus ojos dorados revestidos de una dulzura temerosa, recogiendo con cuidado cada alma.

Quiero dejar de llorar, quiero que no me vuelvan a mentir.

Que me digan de una vez que no me curaré, porque cuando no tienes esperanza no hay nada que te salve.

Dosis

Apunta, mira, piensa, garabatea y tacha.

Escudriña a un punto indefinido del local mientras que su taza de café humeante espera por rozar sus labios. No sonríe, ni ella ni sus ojos pero puede que sea porque vuela en un lugar que desgarraría la pasividad en la que vivimos el resto de mortales.

Porque un día tras otro nos cuentan cuánta personas mueren y cuántas no, nos dicen con una satisfacción casi morbosa en sus voces que tal o cual devastador desastre natural se ha cobrado, saben ellos, demasiadas familias; y mientras, nosotros miramos impasibles, a la par que ella es la única capaz de derramar una lágrima y odiarse a sí misma por lo injusta que es la vida.

Unos tanto y otros tan poco.

Y hoy, sentada en su cafetería de siempre se plantea qué hacer con su vida. Reflexiona sobre lo que puede y no debe hacer mientras que el café se enfría poco a poco, como el resto de la humanidad para terminar siendo una simple rata de laboratorio a manos de unos terroristas que se llaman a sí mismos investigadores. Mas qué importará… ella sola contra el mundo, ella y sus ojos grises, risueños y tan tristes; con su sonrisa rota por tantas patadas que le rompen las costillas, una a  una.

Y hoy, con su cuadernito decorado de colores apunta, mira, piensa, garabatea y tacha. El café le acompaña.

Infinito

Sueño que sueño por el día, por la noche; por sus ojos.

Sueño que imagino el viento en mi piel, al borde del acantilado de sus manos mientras noto la adrenalina corriendo por mi cuerpo a la par que avanzo un paso tras otro hasta que noto mi espalda en la suya, mi piel en sus garras frías. Mientras escapo de mi mundo por lanzarme a su abismo infinito; que cuenta historias de ayer, de hoy, de mañana y del futuro que pude haber tenido.

Escojo caer en esos clavos que atraviesan mi cuerpo sin piedad, punzantes, obligándome a recordar cada una de las historias que creía haber dejado atrás… Y noto cómo empieza a faltar en la aire en mis pulmones, ahora que reciben un agua que deja un rastro de sal en mi boca, pues la desesperación me obliga a buscar un resquicio de oxígeno en medio de la corriente que me arrastra. Y mi instinto me pide que nade hasta la superficie pero mi cabeza ya no obedece. Una neblina blanca me impide ver en la oscuridad del océano que ha de quedarse con mi cruda existencia para siempre.

Y de repente…todo está más tranquilo. Mi cuerpo ya no lucha a ciegas y sólo me dejo llevar por el vaivén submarino que mece mi cuerpo inerte… Me gusta esta tranquilidad; el frío en mis manos, la dulzura de saber que quizá morir no es tan malo.

Ni tampoco tan triste…

Dulzura sádica

Anoche tuve una fantasía.

Soñé con tu sangre recorriendo mis dedos finos y sedientos de tu tacto de muerto. Vi cómo se te escapaba la vida mientras yo no hacía nada por evitarlo y, además, me recreaba en tu dolor acariciando tu cuello pálido y cubierto de sudor frío mientras tú me susurrabas palabras incoherentes en las que supongo me suplicabas clemencia.

La verdad es que disfruté y sonará cruel, pero adoré esa sensación sádica de poder que poco a poco me seducía con su perfume transparente y ligero, que me obligaba a deshacerme en sonrisas de codicia a la par que manejaba mis extremidades obligándome a acercarme a tu cuerpo moribundo, mientras tu alma se desprendía y se perdía en el abismo.

 

Anoche tuve una fantasía…Soñé que por primera vez recibías el castigo que merecías.

Soñé que cada uno de los huesos de mi cuerpo que alguna vez habían recibido un golpe tuyo se curaban hasta ser como los de un recién nacido.

Y soñé con tu sangre, con tu debilidad, con tu cobardía.