Relatos, descripciones y reflexiones

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Correr y hasta que no pueda más

Me busco en las calles oscuras, perdida en mis propias pesadillas. Desorientada y recelosa de mi propia sombra. Soy una psicótica, no me gusta pensar en aquello de lo que no hablo y me invento historias. Una detrás de otra, todas diferentes y a la vez la misma, pero se me da bien decorar la realidad y la mentira en sí misma.

      Hoy me he asomado a una ventana y he visto una sonrisa que he odiado, me ha dado tanta envidia que por un momento he deseado tener su cuello entre mis manos y notar cómo le robaba la vida poco a poco mientras que sentía cómo una sensación extraña embriagaba cada uno se mis sentidos. Cuando llevaba unos diez minutos frente a ese cristal él se ha girado y me ha mirado. Sus ojos grises han atrapado los míos, su sonrisa se ha hecho más amplia si cabe y me ha hecho un gesto para que vaya hasta la puerta. Yo no sabía cómo reaccionar, así que he obedecido y cuando me ha recibido entre sus brazos esa sensación tan surrealista ha recorrido mi espalda de nuevo. Sin una palabra me ha invitado entrar mientras  me cogía de la mano y yo con la mirada perdida en sus ojos inventaba mil y una excusas mudas para no quedarme allí ni un minuto más pero no he podido resistirme. Así que me he dejado llevar. Me he reído de sus bromas sin sentido, hemos compartido el silencio entre sábanas tiradas por el suelo y he dejado que me acariciase la espalda.

Y se quedó dormido y vi cómo se agitaba en sueños, los mismos que llevan atemorizándole años noche tras noche. Aproveché y escapé, como siempre.

                De modo que aquí estoy, buscándome en algún lugar de una calle que no conozco, buscando mi reflejo creado a base de mentiras.  Destruyéndome a mí misma con cada palabra que pasa por mi mente a la par que oculto cada uno de mis secretos y os pido que no os creáis nada de lo que he dicho hace un segundo. Porque sí, soy una cobarde y por eso no he tenido el valor de reír con él, de compartir una mirada y de susurrarle al oído cuánto le quiero y le odio a la vez. Pero no importa, pues tengo tiempo. Eso es lo único de lo que puedo huir y no hay ningún lugar que esté lo bastante lejos que me permita correr con el diablo hasta el infierno y que me haga dejar de dudar de una vez por todas.

Hoy es 24 de diciembre del 2011 y quiero decir que me encanta este mes. No por el hecho de que sea Navidad, ni de que haya vacaciones, ni nada por el estilo. Sino porque ha llegado el momento de hacer un balance de mi progreso como persona durante el año. Pero esa es una reflexión que guardo para mí, aquí sólo quiero nombrar que me hice dos tatuajes en los que reflejo toda mi esencia y todo en lo que creo. No sé si algún día me arrepentiré, pero mi símbolo de «infinito» (ese ocho tumbado, que digo siempre) dice lo contrario.

De cualquier manera sí que os voy a decir por qué me gusta diciembre: por el mismo motivo por el que me gusta noviembre, es decir, el sol.

El sol bañando la mirada de la gente, que se encoje por el frío y guarda sus gestos más significativos en los bolsillos de sus abrigos. He de decir, también, que después de dos años de mantener este blog(con sus más y sus menos) he descubierto que hay gran parte de mi imaginación y la de otros. Leo los textos que he publicado y retrocedo a los momentos en que estaba escribiéndolos y retrocedo, a su vez, a las personas que me ayudaban a que se me ocurrieran mis maravillosas, y no tanto, ideas.

Hoy, 24 de diciembre quiero decir que espero seguir alimentando un poquito las vidas de quien lee esto de vez en cuando y que espero que disfrutéis del Sol que nos ayuda a volar cuando los días se hacen un poquito más duros.

Sin más me despido y os deseo felicidad, pero no solamente en esta época, sino siempre. Recordad «Stay golden».

Y siempre, siempre, rodad sin que nada os detenga.

 

Artífice de mil y una tormentas, se ha desangrado por no ceder ante el consumo de su propia personalidad. No puede destruir todo cuanto es y cuando debería ser y no puede causar más mentiras que el daño que ya hizo.

Le robó el corazón y la dignidad, le despojó de cualquier atisbo de fragilidad y se sintió como una auténtica reina de las tinieblas…

(Puede que continúe…)

 

Siéntelo

Hay días en los que un rayo de luz puede iluminar una vida entera. Llena de sorpresas indefinidas pero que, al fin y al cabo, son las que te hacen sonreír día tras día.

Volar hasta donde tu imaginación te permita llegar y marcar tu camino sin titubear.

Ser libre…

¡Feliz semana a todos!

 

Grita hasta que te quedes sin voz, el mundo te escuchará

Reír, llorar, gritar, saltar, empujar, dormir. No dormir.

Hoy ha reído hasta llorar. Gritó y saltó como cuando tenía cinco años y ha jugado más que nunca. Se ha sentido feliz y todo por ver una mirada sonriente. Una luz como hacía tiempo no encontraba en ninguna esquina.

Y estaba escondida, reducida a una señal microscópica en el rincón de un café líquido y no tan oscuro.

Giró la luz, sumió la penumbra y se sitió bien por primera vez en mucho tiempo. Caminando descalza sobre cristales de recuerdos que se amontonaban en su mente. No le hizo falta más porque la felicidad, hay veces que se detiene un segundo. Efímera cual suspiro en una mirada eternamente radiante.

Permitid que os diga que hoy ella era un ángel que, por primera vez, no está perdido en una ciudad llena de sombras, sino de esperanzas ocultas y miedos que poca a poco caerán.

Solamente hay que soñar, vivir, recordar, seguir adelante. Jamás decir que no y sonreír.

Just Stay Golden.

La verdad es que no tengo nada que contar, nada sobre lo que escribir, pero qué más da. Siempre puedo inventarme una pequeña historia, os puedo engañar usando palabras un poco mas encantadoras de las que soléis escuchar. Puedo embrujar a vuestras mentes con mi dulce mentira, sus ojos que hipnotizan y cierta música escondida y asustada en una ciudad desorientada en el mundo de lo extravagante.

Podría decir que ayer me pasó algo raro, pero para qué mentir si lo único que vi fueron ojos vacíos de simplicidad y miradas derrotadas.

Mas os contaré, aquí y ahora que ayer, también, vi a una niña caminar de la mano de su madre, os contaré que vi la sonrisa más dulce del mundo.

Caminaban despacito, sin prisa, avanzando amorosamente entre la niebla. Reconquistando el mundo con un hilo de seda, invisible para todos, compuesto por eso que no sabríamos definir si no fuese porque conocemos el amor cuando corre por nuestra sangre, hirviendo en todos nuestros sentidos.

Y sus manos entrelazadas me recordaron a las estrellas, a su brillo milenario y a lo efímera que es nuestra vida.

Les sonreí y la pequeña me tendió su manita libre, invitándome a subir a su carrusel para que volásemos juntas, para que soñásemos, para construir su futuro, que forjaría como el diamante más brillante, atemporal, y puro.

Milenario, como las estrellas… Se llenaría de recuerdos, de lágrimas y sonrisas.

Sonrisa como la que atraviesa a mi corazón… Porque por primera vez en mucho tiempo ayer vi libertad.

Se enfrentan. Se queman. Se retan.

Y renacen.

Es el ave fénix renaciendo de sus cenizas, pujando por ganar la batalla en una guerra eterna sin sentido. Sin ganadores, sin perdedores.

Y mueren.

Que alguien les diga que sus lágrimas no curarán las heridas de sus corazones. Que alguien les haga recordar porqué comenzaron esa miserable guerra. Insípida, miserable, estrambótica. Destructiva y contaminada de lágrimas perdidas en las cenizas de los que ya escaparon al terror que todavía no había llegado.

Podría contaros las historia, pero me llevaría demasiado tiempo y, por una vez, creo que sé cómo callar y mirar al cielo más oscuro que de costumbre en luces consumidas por el paso del tiempo. Suplicadles que terminen de una vez y para siempre aunque, si jamás es imposible.

Siempre no puede existir.

 

Un poco de lo de siempre.

Hoy el Sol ha acariciado mi piel después de tantos años en la penumbra. Paseé y recordé a los amigos que perdí y que desterré de mi vida. Solitaria en compañía, era lo que me decían. Ahora soy vieja y me acuerdo de aquellos momentos con una sonrisa que florece en los resquicios de mi alma.

Y los únicos amigos que me quedan me esperan silenciosos y pacientes, con sus innumerables mundos y sensaciones. Listos para contarme una y otra vez sus historias haciéndome redescubrir cada una de las miradas que guardan.

Y hoy no me duelen los huesos. El Sol me ha bañado la mirada en un espejo de reflejos únicos y diminutos haciéndome ver que el mundo ya no es lo que era, que los años no han pasado solamente para mí. Que todo es viejo y gris, miserable, insípido, odioso. Peor de lo que yo recordaba: triste, crudo, rudo…

Quizás no debiera haber dejado que el Sol me acariciase… quizá debí irme con aquellos a los que quise. El tiempo pasa y nadie puede retroceder.

Nadie.

Walk

Hoy es de esos días en los que el mundo parece haberme dado la espalda, pero si pensase eso sería bastante egocéntrica por la sencilla razón de que no soy tan importante.
Uno de esos días en que si lloviese saldría, sin pensarlo, a la calle para tener una sensación real y no producto de mi imaginación.
Hoy, es uno de esos días que me dan permiso para decir que soy escritora; para decir que no me importa lo que piensen de mí.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo hago un esfuerzo por quererme a mí misma…

Aunque sea un poquito: Stay golden.

Últimamente todo es un poco así…como nebuloso y extraño.