Relatos, descripciones y reflexiones

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365 días y mil capítulos

Vivimos una historia en blanco que podemos escribir día a día con nuestro puño y letra. Tenemos 365 días y no sé cuántas horas para determinar el rango de felicidad que pende en nuestra vida.

Y pensaremos que nunca alcanzamos esa idea aristocratizada pero no nos daremos cuenta de que cada segundo vivido y compartido forman parte de algo que, cuando miremos atrás, jamás cambiaremos.

Y, sin embargo, somos tan incapaces de reconocer lo maravilloso de todo lo que nos rodea que a veces nos sumimos en un bucle absurdo y autocompasivo sobre lo que nos gustaría tener o dejar de tener y perdemos la noción de lo que significa vivir.

Por esto, mi invitación este año es que vivamos cada segundo que se nos escapa si no lo vemos venir. Que disfrutemos incluso las lágrimas en los peores momentos imaginables y recordemos que después de la tormenta llega la calma para dar paso a una de las mejores sonrisas que encontraremos.

Y bailará nuestra alma cuando nos miremos y veamos lo que escondemos a gritos y, por fin, tengamos el valor para decirnos todo lo que hemos ahuyentado durante demasiado tiempo.

Y de esta y mil maneras más escribiremos miles de episodios de alegría, lágrimas, dolor, decepción, culpa y, quizá, calidez.

De modo que vivid. Vivid y no perdáis el tiempo pensando en lo que podríamos ser.

«Make the best out of today because tomorrow the world can be totally different.»

Que se me escape el tiempo

Se nos escapa el tiempo, año tras año, y no sé por qué seguimos escondiendo el miedo que tenemos a mirarnos en el espejo y ver quienes somos realmente. Y nos resignamos a contemplarnos en la oscuridad cuando creemos que nadie más nos ve, escondiendo así todo el dolor de todos esos errores que no me hacen aprender, sino atormentarme.

Pero no importa porque mientras nos miramos y se nos escapa lo único que no podemos controlar, decidimos vivir como nunca antes hemos hecho y entonces, y solamente entonces, nos miramos y te pregunto cómo es mi dolor cuando me robas las palabras que sólo tú encuentras para describirme sin rozar mis cicatrices. Y serás tú quien a lo mejor consiga detener el reloj de arena durante unos instantes para convertir algo tan sencillo en un momento de delicadeza inimaginable. Y será ahora cuando borremos todas las ideas que nos hacen daño y cantemos alguna melodía destartalada y desubicada que nos llevará a través de hebras doradas imaginarias hasta que demos con la más débil, la rompamos y volvamos a la realidad.

El tiempo volverá a circular sin detenimiento y sin prisa pero tú y yo ya nos miraremos y no volveremos a tener miedo, habremos dejado de huir y por fin nos encontraremos en un baile de secretos y sonrisas mientras recorremos, centímetro a centímetro, nuestras pieles forjadas de unas cicatrices que ya han dejado de doler.

Y entonces nos daremos cuenta de que el tiempo sí se nos escapa pero qué más dará si mientras tanto somos reales, no tenemos miedo de vivir y encontramos la delicadeza en una sonrisa en un día de frío.

Hasta el fin del mundo

Y me arrollarán las lecciones desaprendidas en lugares que me decepcionaron una y otra vez pero que, a su vez, me dieron los mejores años de mi vida. Tendré vuestras caras, vuestras palabras y vuestros gestos grabados a lo largo de mi piel como un manto invisible que me proteja cuando no sepa quién soy.

Y me comerán los momentos que perdimos en alguna discusión algo absurda y que entonces me parecía un mundo por el que luchar. Me perderé en todo lo que no quisimos ser hasta que fuimos y nos enrolamos en un camino algo estrambótico.

Y tendrás que perdonarme por haber pecado con mi orgullo un poco desequilibrado. Tendrás que perdonarme porque todavía estoy aprendiendo lo que significa mirar a alguien y no tener que hablar; aunque siempre fui muy reservada tuve tendencia a soltar una serie de ridiculeces cuando menos debía y tú lo sabías y me dejabas hacer.

Me acordaré de los puentes que construimos, los edificios, las montañas y los ríos que atravesamos con solamente pensarlos y buscarnos entre todas esas personas que siempre tenían más prisa que tú y que yo.

Me acordaré de todo lo que sí nos dijimos a pesar de que nunca fue suficiente y guardaré todas nuestras discusiones como lo que representaban. Eran nuestra guerra, nuestras ganas de luchar y de erigirnos vencedores en una batalla que sólo tuvo sentido para nosotros dos.

Pero la ganamos. La vivimos y la ganamos. Y entonces nos dimos cuenta de que sólo nos quedaba el adiós y de que habíamos consumido todas nuestras fuerzas en una historia que no debimos haber librado pero que nos condujo hasta el fin del mundo que jamás nadie había alcanzado para permitirnos ser felices durante unos minutos de ignorancia mientras veíamos cómo el Sol se escondía, cobarde, huyendo de la Luna.

Y nosotros nos hicimos pequeños, tan pequeños e insignificantes que no tuvimos el valor de mirarnos y decirnos adiós. Tuvimos tanto miedo que no fuimos capaces de decir nada porque para entonces las palabras ya no servían así que nos marchamos y nunca miramos atrás.

Retrato de alguien que sabe que la vida es maravillosa

Es algo tímida, muy blanca de piel. Tiene los ojos tan verdes que te podrías perder en ellos y el pelo negro a la altura de los hombros y lleva un flequillo que acusa de ser un círculo vicioso.

Es algo tímida pero en seguida puedes hacerle reír. Tiene una sonrisa preciosa y una vez se instala en su cara no hay quien se la quite. Le gusta observarlo todo aunque casi nunca pregunta y tiene la costumbre de irse a un sitio donde suena un continuo Let’s rock, everybody let’s rock. Hay personas a las que les gusta vivir en otra época, esa es la suya.

También es un poco artista, le gusta ver cualquier película de Disney, Dreamworks o qué se yo y analizarla. Dicho sea de paso que es diseñadora gráfica y va a ser la mejor animadora de 3D del mundo.

El caso es que es una de esas personas que hacen que tu vida pueda ser diferente. Es decir, no todos los días te encuentras a una bailarina de ballet clásico, diseñadora y portadora de sonrisas y corazón; de modo que quiero pensar que es especial aunque ella no lo sepa y se queje de que el mundo ya no es lo que era y que nadie entiende su visión soñadora y romántica de la vida. Pero si ella supiera cómo la vemos creo que se echaría a llorar.

También he de decir que su «qué vida tan maravillosa» es envidiable y me acompaña a cualquier sitio y en cualquier momento. Es de esas cosas que se tatúan en el alma y te obligan a sonreír cuando te acuerdas de ella.

De modo que, por todos los años que ha soportado mi mal humor continuo, mis excentricidades y mi sarcasmo, me siento en la obligación de recordarle que no sólo la vida puede ser maravillosa, sino que ella también lo es y, vaya adonde vaya, debe saber que cuando mira a alguien un poco de felicidad renace en esa persona.

Fantasmas

Quizá no existas. A lo mejor eres producto de mi imaginación, tan perfecto que no puedes ser real.

Puede que jamás te haya conocido, que los demás no mintieran cuando me decían que alguien así nunca se fijaría en alguien como yo.

Quizá tengan razón, nunca se sabe.

A lo mejor sí que llegaste a mi vida y no supe apreciarlo y ahora me quede un recuerdo algo desvalido de quién fuiste y quién dejé de ser para convertirme en lo que soy ahora. Qué lástima.

Que viviríamos para siempre si estábamos juntos, decías; que seríamos inmortales, que teníamos la fuente de la vida. Qué bien se te daba mentir y cómo me gustaba creerte y pensar que nosotros ya teníamos la llave de la inmortalidad.

Siempre detesté a la gente que daba pena y mírame ahora, no soy más que un despojo diminuto de lo que una vez proyecté. Me dedico a evocarte a diario y a preguntarme si existes, si eres, si mientes o si estuviste aquí para luego marcharte y dejarme como una inválida emocional.

Y no importa, ¿sabes? No importa porque mi alimento no deja de ser el aire que respiramos ante el efecto mariposa. No importa porque te sangro en cada minuto que cruzas mi mente.

Y qué fácil es ahora pensar que ellos tienen razón. Aunque la realidad es que me gusta pensarte, herirte y vivirte en cada palabra que vuelve a mí cuando menos me lo espero y así me doy cuenta de que jamás mereciste la pena y que, si eres real no puedes ser tan perfecto como acudes. Y entonces dejarás de ser mis pesadillas en cada rincón y pasarás a convertirte en un vago momento de alguien que compró mis sonrisas y un pedazo de mi corazón; pero no serás más mi destino ni mi presente.

Serás mi pasado y quedarás tan lejos que nunca me volverás a hacer daño porque sí, viviré para siempre pero porque algún día, tarde cuanto tarde, volveré a sonreír.

Sensaciones

 

Vuelve.

Vuelve y arráncale de cuajo las pesadillas que le inundan a la luz del sol.

Vuelve y recuérdale qué os hacía caminar de espaldas en un juego absurdo que no tenía sentido si no estaba en él. Vuelve y sujétale cuando caiga; sabes que siempre fue muy torpe, incluso cuando más se esforzaba.

Vuelve y no dejes que te expulse de nuevo de su vida. Enmendad los errores que ya habíais intentado olvidar y, sin embargo, grabados a fuego en vuestras retinas.

Siente.

Siente el recuerdo de cómo erais. Conmoveos como cuando comprendisteis que teníais todas y cada una de las herramientas necesarias para poder arreglar todo lo que una vez estuvo estropeado.

Escucha.

Escucha y fluye junto a esa melodía que no para de vibrar en lo más profundo de tus sentidos. Notad el compás de los latidos de vuestros corazones sincronizados con tal perfección que supuran artificialidad.

Escucha, inspira y expira. Sentid cómo lo deletéreo se esfuma cuando estáis el uno junto al otro y rozáis un campo sobrenatural cuando vuestra respiración se encuentra y se entrecorta.

Escucha el sonido de esos pasos inseguros en sueños que necesitan de tu presencia cuando llega el ojo del huracán.

Miraos.

Miraos como nunca os habéis atrevido a hacerlo.

Devoraos en un encuentro de nostalgia incandescente sin perder un segundo más mientras el tiempo se detiene en un sinsentido y os observa la historia que se repite y que no evitaréis pues está escrito en vuestra piel.

Miraos como si jamás os hubieseis visto antes y redescubrid todo lo que ya sabíais pero nunca quisisteis dulcificar en palabras. Estudiad vuestras hazañas sin hablar, ved vuestras cicatrices en forma de silencios y pelead. Pelead juntos.

Vosotros contra el mundo.

Y alzaos vencedores. Declaraos imbatibles, inmortales, impensables. Porque seréis. Después de años de espera por fin existiréis y sorprenderéis a un mundo que quizá, por una vez, se declare culpable.

Rarezas y razones

Que tus rarezas no rompan tus razones y que éstas no mellen tus rarezas.

Serán ellas las que te hagan un ser especial, probablemente inolvidable. Serán las que de vez en cuando os arranquen una risa absurda en medio de un silencio algo extraño.

Que tu manera extraña de saludar cuando llega no sea algo pasajero. Que le mires, bajes la vista y luego claves tus ojos en los suyos no deja de ser raro aunque, a veces, será una bienvenida tan divertida como la suya al pasar la puerta pidiendo disculpas sin darte tiempo a un «hola» demasiado normal para ambos.

Que esa verborrea incesante dice mucho y revela muy poco sobre quién eres. Pero qué importará si al final ninguno de los dos quiere hablar de aquello que revele los negativos que tenéis cerrados bajo llave.

Que no pasa nada si a veces eres raro porque mejor eso que ser como el resto del rebaño. Pero que no pretendas que la soledad es mejor que alzar la mirada junto a un millón de alas buscando un lugar mejor en el que pasar los meses más duros sin razón alguna dejándonos pensar a todos que es un capricho.

Serán tus razones y las suyas las que, algún día, quizás, os envuelvan en un camino cuyo final no querréis averiguar. Pero serán tus rarezas, esas que hoy guardamos junto a los negativos, las que probablemente hagan especial cada una de las razones que utilizas para magnetizar su presencia junto a la tuya.

Redes

Si hubiésemos tenido que esperar una eternidad para decirnos todo lo que seríamos en otro planeta no me habría importado porque, mientras, tú y yo habríamos hilado telarañas de rocío al amanecer entre tu silencio y mis escrutinios pocas veces certeros. Habríamos sido parte de la tierra que sembramos durante miles de horas de sueños enredados en las páginas en blanco de nuestra historia.

Y hubiésemos recordado que no siempre fuimos reales como lo éramos en esos momentos que, entonces, no me hacían darme cuenta de lo especial que eras. O quizá no quería darme cuenta. A lo mejor tenía miedo de saber que no teníamos la eternidad comprada. Que tú te marcharías y entonces yo sólo tendría una telaraña de tu recuerdo algo difuso que me permitiría recordar tu mirada, a veces, perdida en un lugar que yo jamás podría alcanzar.

Pero si hubiese sabido que tú me pedías a gritos que te ayudara cada vez que mirabas a las estrellas cuando empezaban a perder su luz, no habría dejado que te hicieran daño. Si tan solo hubiese sabido que tu fragilidad estaba escondida en lo más recóndito de tu alma, jamás habría autorizado tal aberración contra tu delicadeza hecha oro. Si tan solo hubiese escuchado tus súplicas escondidas en esa sonrisa que no se desvanecía nunca, no habría dudado ni una sola vez si hubiese tenido que protegerte de todo cuanto te perseguía durante toda una vida. No habría llorado tus inseguridades porque las venceríamos con, solamente, cerrar los ojos.

Y, aun así, la realidad es que te dejé escapar de nuestra cúpula construida de ilusiones delirantes. La realidad que me carcome es que no me arriesgué lo suficiente, que no tuve el valor para decirte que tú y yo teníamos un destino grande. Lleno de palabras absurdas que completasen tus silencios y mis verdades varadas durante demasiado tiempo. Habríamos cambiado un mundo que nos perteneció desde el momento en que nos cruzamos.

Y te dejé ir, sin embargo, hacia un futuro incierto que al final nos condujo a un puente inacabado que terminó por romper los esquemas de un presente que jamás mereciste y yo me quedé buceando en los recuerdos de las palabras que nunca quisimos escuchar.

We’ll be free

Que sea una luz la que no haga que te rompas.

Que tu delicadeza quede intacta durante el resto de los siglos.

Que tus heridas te hagan tan fuerte como el diamante que reluce en tu corazón.

Que los recuerdos de todo lo que una vez te dijo no hagan saltar en pedazos tu fragilidad.

Que las lágrimas cristalinas que escapan de tus sueños sean felicidad genuina.

Que espero que sepas que tienes todo el tiempo del mundo por delante, que tu felicidad no termina aquí, que eres mucho más de lo que te hicieron creer alguna vez. Que tus palabras sí que las escuchan millones de personas.

Que eres una auténtica heroína y tú tienes el poder de cambiar el mundo aunque te digan mil veces que no lo conseguirás jamás.

Que podemos ser felices porque nuestras almas son las que conducen el camino por el que competimos durante toda una vida y somos capaces de extraer lo mejor de cada momento de todo que, quizás, ya esté escrito.

 “Porque ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.  Nelson Mandela

This will be my own Bravado

Que lo que había pasado estaba olvidado, decía. Mentira.
Que la sangre le persigue silenciosa, incesante. Verdad.

Así que frente a estos dos dogmas se aferra a una realidad diaria algo deformada y que a veces provoca que lo primero se convierta en verdad y lo segundo en mentira.

A veces olvida el daño que le provocan aquellas palabras ya lejanas y, de alguna manera, ajenas a ella. Otras, las más, se pudro en el recuerdo de sus palizas verbales; a la par que destrozaba su autoestima acristalada.

No te imaginas cuánto dolía. No creerías jamás que el color de su ropa no era más que la carcasa que envolvía un mundo interior derruido. Que las palabras de su niñez resonaban en su cabeza porque ella sabía que había crecido para ser algo más que la muñeca de trapo de la persona más cobarde del mundo.

Ella sabía que su sonrisa quebrada jamás debió haber sido así. Que sus ojos no debían esconder más lágrimas y que esa carcasa sólo le protegía de sí misma.

Así que se aferra a una realidad deformada a su gusto mientras intenta huir de la sombra que persigue sus pasos. Mientras se enfrenta al mundo gritando que jamás volverá a recrearse en las cicatrices que un ser inhumano le regaló.