Carta a un destino imposible
por palabrasinaudibles
Hace tiempo te escribí una carta que estoy segura jamás recibiste.
Hoy te vuelvo a dedicar 10 minutos de mi tiempo a sabiendas de que tampoco llegará a su destino.
Te vuelvo a dedicar 10 minutos mientras escucho una melodía que habla del tiempo y de su fragilidad. De lo rápido que se escapa mientras se nos escurre de entre las manos. Te escribo mientras pienso en las calles de tu infancia. Las de una ciudad que nunca llegué a visitar y que existe en mi imaginación, pixelada.
Te escribo, también, mientras dejo que el agua de mi té, con agua calentada a exactamente 70 grados vaya perdiendo calor. Por si no lo sabías, cuando calientas el agua a esta temperatura, solo desprende humo si le soplas. Y pienso en cómo seguir escribiénote esta carta sin dejar que se me escape la respiración, no sea que empieces a notar la añoranza en las líneas que no podrás leer porque esas se quedan en el olvido de los que solo prestan atención a los caracteres que explícitamente bailan delante de sus ojos.
Tal vez no solo sean 10 minutos. Es posible que hayas pasado a convertirte en una de las fijaciones que dictan cómo mirar día a día al mundo exterior. Qué sabré yo, solo soy un montón de carne y huesos que vive en demasiados mundos y solamente en uno al mismo tiempo.
Si alguna vez lees esto, y llegas hasta este párrafo ten en cuenta que ya se me ha olvidado porqué empecé a escribirte. Llegados a este punto solo pienso en tus ojos perdidos en recuerdos que me describías como si hablases de una película antigua.
Y si alguna vez llegas a leer esto, que sepas que me he inventado todas y cada una de estas sensaciones porque hoy ya no te echo de menos. Y lo único que hay de cierto en esto es la añoranza de algo que nunca sucedió. Lo que nos habría gustado que llegara a pasar sin que, en ningún momento, supieras que el tiempo: los 10 minutos que te he prometido, ya se terminan. Tal vez sean menos.
A lo mejor solo llegan a ser 30 segundos y el té todavía está a 70 grados.
A lo mejor sí conseguimos hablar de las líneas invisibles que hay entre los espacios de las cosas que me invento para que no sepas cuántas veces he echado de menos y cómo, por fin, he conseguido reír a carcajadas cuando te recuerdo.
