Divaga
por palabrasinaudibles
Que ella qué sabe.
Que ya no se acuerda de la mitad de las cosas, y eso que aun no se les puede considerar viejos.
Que los recuerdos se han convertido en nebulosas, las ambiciones o, los sueños si lo prefieres, ahora son bromas de mal gusto que está dispuesta a ignorar.
Que lo que sí sabe es que la falta de respuesta, también es una respuesta. Que los silencios qu hasta entonces adoraba, se le hacen pesados como nunca. Le atormentan como siempre y le duelen como la primera vez.
Y que lo que también sabe es que está cansada, demasiado cansada como para que le vengan a contar historias de cómo los tiempos anteriores habían sido más duros, más grises y más vacíos de optimismo.
Se incorpora despacio, el cuerpo le duele demasiado, y cuando mira por la ventana se acuerda de aquella que vez que se tomó un descanso y conoció a ese borracho que, desdentado y cojo, le habló del mar, de los mitos de las sirenas y, le pidió que no dejara de sonreír. Se pregunta qué habrá sido de él, si seguirá contando historias del océano y si seguirá regalando sabiduría a cambio de una onrisa y un cigarro.
También se acuerda de aquella primera vez en la que volvió a caer desde 3000 metros de altura y, por primera vez al despertar con el golpe, en la cama solo estaba ella. Esa noche no interrumpió su rutina: se levantó, se preparó un té y, gracias a la fuerza del hábito, se encendió ese cigarro maldito que terminó por llevarse consigo a sus recuerdos. Nadie se asomó al salón esa noche y ella se quedó allí a oscuras, en silencio, cayendo una y otra vez de ese avión.
A la fuerza, vuelve a la realidad y, devolviendo la mirada a lo que ocurre en la calle, ve a una chica pasear. Le intuye una sonrisa y se pregunta qué le hará brillar incluso en medio de la noche. Esa chica no tiene prisa, camina despacio e incluso parece que flote. Se pregunta si no tendrá frío, tal vez no le importe. Ve cómo se ajusta el abrigo y cómo se le escapa otra sonrisa.
Se pregunta si será la felicidad, si ella ha obtenido las respuestas que buscaba, si alguna vez se le terminarán las preguntas. La mira de nuevo y se pregunta si no será esa la verdadera forma de quien sabe que no hay verdades absolutas, solo las realidades de quienes las viven.
Al fin y al cabo, ella qué sabe, solo piensa que aun debe quedar esperanza. Apenas se acuerda del pasado, fantaseó tanto que su ficción se convirtió en realidad, y es que nunca se llegó a encender un cigarro.
