Un poco de vida
por palabrasinaudibles
Si tuviese que elegir, se quedaría con las noches asomados al balcón hablando en susurros y viendo cómo los últimos se metían en sus casas a contrarreloj. En un tiempo en el que todo había cambiado, en el que la tristeza se había hecho con el día a día tantas personas, esas noches se convertirían en el tesoro que le devolvería la sonrisa.
Si tuviese que elegir, se quedaría con aquellos silencios llenos de luz. Con las miradas cómplices y las cosas que nunca se llegaron a decir a las tres de la mañana en medio de la nada.
Se agarraría a la poca vida que le quedara y al poco tiempo que le quisiera regalar el reloj, y dejaría de callar las verdades que tanto se esforzó por ocultar. A veces volvía a su cabeza aquel día en el que un desconocido le preguntó que por qué tenía los ojos tan tristes a pesar de que siempre le veía sonreír. Esa fue la primera vez que tuvo que enfrentarse a todo el dolor que había ido guardando con tanto cuidado en la cajita de cristal. Y se acordaría de la canción que hablaba de corazones plásticos y de cómo el suyo ya no podía estirarse más o terminaría por romperse. Y sabía que no podría volver a recomponer las piezas.
Ya no se acuerda de qué le contestó al desconocido pero las noches en silencio, las que se sucedían entre sonrisas cómplices y caricias al aire serían las que le devolverían un poco de vida, la de la calma después de la tormenta. Y asomados al balcón quizá miraran al cielo buscando la segunda estrella a la derecha o, tal vez, no viesen nada en concreto. Realmente no importaba.
Si tuviese que elegir, pediría al cielo, o al infierno, que le dieran un poco más de tiempo para ver amanecer desde ese balcón donde fue un poco más feliz sin la necesidad de ocultar que los silencios no siempre habían estado de su parte. Y pediría, tal vez, un poco menos de miedo en un pacto con el diablo para poder volver a mirar a dos desconocidos paseando de la mano y preguntarse cuáles sería sus sueños.
Pero no le queda tiempo, y no tiene una máquina que le transporte hasta ese momento y lugar. No entinde que cuando ya ha dicho adiós no hay nada que hacer y no entiende, tampoco, que todo eso ya no importa porque ha tomado la elección más importante de todas.
Y es que hay veces que las batallas solo existen en nuestras cabezas y la magia está a un metro de distancia.
