Gris
por palabrasinaudibles
¿Te acuerdas de la última vez que nos vimos? Te prometí que volvería y aquí estoy. Nunca falto a mi palabra.
No tengas miedo, la última vez no nos fue tan mal. Si no me equivoco disfrutaste de cada momento de esa noche y eso que te juré que todo era una obra de ficción. Supongo que el tequila no te sentó bien.
¿Qué quieres hoy?
Busco tus ojos pero algo ha cambiado. Estás más cómodo, has perdido el miedo a la noche, parece que al final sí nos haremos amigos. Sigo la dirección de tu mirada y qué sorpresa la mía cuando me encuentro a una de esas que irradia luz. Ni se te ocurra acercarte, tú ya has cambiado de bando y, te guste o no, eres mío. Me lo debes.
Vodka.
Me pregunto qué buscas, qué pedirías si pudieras hacer un pacto con el diablo. ¿Me habrás echado de menos? La verdad es que no entiendo porqué me has llamado, pero soy paciente. Al fin y al cabo te llevo una eternidad de ventaja. Noto cómo ajustas el enfoque de tu mirada y me observas, se te escapa una sonrisa y balbuceas algo que no alcanzo a comprender. Me distraigo con facilidad.
Llegan los chupitos.
Uno, dos, tres. Aun no has dicho nada que despierte mi interés de verdad. Disculpa la condescendencia, a veces me olvido de que algunos pensáis. Y, los menos, sentís. Cuando por fin decides hablar, me cuentas que desde aquella vez que nos vimos por casualidad no has podido dejar de pensar en mí. Me atraviesas con la mirada y sé que callas más de lo que te gustaría.
Una copa.
Te has empezado a relajar y ya no te resistes, te encanta esta función mal escrita. Adoras el decorado cutre y a los idiotas que solo forman parte de la escena porque así consigues mantener los pies pegados a la tierra. Sigo sin saber qué es lo que quieres escuchar, así que te cuento cómo me escapé del infierno mientras muevo distraída el vaso. Te hablo de los secretos que me encadenan y de las pesadillas que hace siglos me impiden dormir. Ya no recuerdo qué es una noche en brazos de sus dioses.
Un vaso medio vacío.
Me coges de la mano. Llevamos demasiado tiempo aquí, debería marcharme. No puedo permitirme el lujo de devolverte el poder, eso me devolvería a la profundidad que me ahoga y me oprime el pecho. Ojalá me dijeras qué quieres.
Sé que estoy perdiendo esta batalla, de modo que cierro los ojos y me dejo llevar por primera vez en demasiado tiempo. De repente tu voz parece estar mucho más cerca y oigo cómo me pides que no me marche más. Noto tu miedo y la tensión disfrutando de cada músculo de tu cuerpo. Siento cómo mi corazón bombea con fuerza. Un escalfrío me recorre el cuerpo.
Gracias por contarme tus deseos. Nunca me quedaré.
Vuelvo a abrir los ojos y esta vez soy yo quien sonríe. Has caído en la trampa pero cuando te miro entiendo que tú ya sabías que me darías la libertad para poder marcharme. Te queda el consuelo de haber tenido el valor para decirlo en voz alta.
De valientes se construyó el mundo.
No te inquietes, ya te guardé el secreto una vez y volveré a hacerlo. Cuando nos volvamos a ver tal vez seas un poco más feliz. Puede que incluso dejes de reconocerme. Tal vez ya no me necesites. Espero que ya no me necesites.
Te recuerdo que soy la persona de la que no te enamoras, pero aun así decido que bien podemos bailar una última vez. Te deshaces en sudor, alcohol y besos que podrían hacer que olvidara de dónde vengo. Te bailo a destiempo y te prometo entre sombras que volveré siempre que lo necesites para que entiendas que hay cosas que merecen la pena.
Vivir es una de ellas.
