La oveja negra

por palabrasinaudibles

Cuando eres la oveja negra, cuando resultas en ser quien no encaja, quien nunca siguió las normas; muchas cosas pueden pasar.

Desde que era una criatura sin sentido común lo único que escuché fue que no sabían cómo podía ser así. No entendían qué habían hecho para merecer a alguien que solo mirase de forma juzgona y, más tarde, contestase con palabras envenenadas de verdad. Llegué a este mundo con la ventaja de tener todos los dedos de las manos y los pies, te puede parecer absurdo, lo más normal del mundo, pero te sorprenderías al descubrir cuántas personas pequeñas vienen más tristes de lo que debería.

Mi gran desventaja fue que nunca quise sonreír cuando se me pidió, también me negué a regalar abrazos a cualquiera de los gigantes y, más tarde, nunca se me ocurrió mentir. Decían que sería cosa de la adolescencia. O al menos eso querían creer para consolarse.

Cuando esa época de gran confusión para todos pasó, me convertí en la rara de la mirada huidiza y tiempo después pasé a ser la causa perdida. La que no tenía respeto por nada o por nadie, la que no tenía corazón.

Una serie de catastróficos años insulsos me llevaron a querer refugiarme en las alturas. Siempre que me ahogaba el ruido de la ciudad, cada vez que su perorata incesante se hacía insoportable y su ignorancia crecía imparable decidía tirarme de un puente, de un avión, caminaba durante horas hasta la cima de cualquier montaña. La que estuviese más cerca.

Cuando me preguntaban por qué me ponía mi vida en peligro de esa manera solo tenía que sonreír y mirarles a los ojos para hacerles callar. Ya no podían ni escucharme. Tenían demasiado miedo para afrontar la verdad.

Me convertí, también, en la persona de la que no te puedes enamorar. Era demasiado retorcida y cada uno de mis amantes supo eso tarde o temprano y siempre terminaban yéndose. No les culpo, siempre andaba refugiada en algún lugar congelado en el tiempo y no estaba dispuesta a compartirlo. Todos ellos lo sabían.

Me acostumbré a vivir de mi soledad, me gustaba saber que tarde o temprano alguien querría arreglarme y disfrutaría esa noche en que se diesen cuenta de que no había nada roto.

Durante esas etapas descubrí que el ruido se hacía ensordecedor porque me penetraba en la piel y no podía desprenderme de esas personas que corrían más perdidas de lo que imaginaba. Descubrí, también, que la verdad que tanto dolía cuando salía de mis labios, era la que todos intentaban ocultar y disfrazaban de sonrisas y chistes malos.

Y supe que soy la persona de la que no te puedes enamorar porque jamás te daré permiso para ello. Porque si lo haces te caerás a ese vacío del que no sé si sabrás salir, del que no estoy dispuesta a rescatarte, al que realmente no sabes si quieres caer. Además, te guste o no, soy la oveja negra.

Y todos sabemos que la oveja negra nunca perteneció al rebaño.