Un trozo de papel y el paso del tiempo
por palabrasinaudibles
Abandoné mi corazón en una taza y un papel que no sobreviviría al paso del tiempo.
Desistí de preguntarme qué problema hay en este mundo. Dejé de pensar en qué habíamos hecho tan mal para merecernos el castigo incesante por ser quienes éramos.
Abandoné mi corazón en una taza humeante de café mientras te veía marchar como si jamás hubiese existido. No diste ni una mirada atrás; al fin y al cabo siempre fuiste de los que no creían en el pasado y, menos aun en el futuro.
Si el recuerdo no me engaña, te marchaste una noche lluviosa de verano, de las que te roban la respiración cuando empiezas a confiar en que la lluvia amainará en cualquier momento. Te fuiste en silencio, pasmosamente despacio en tus movimientos alargando mi agonía sin compasión. Te fuiste con la certeza de quien sabe debería morir envuelto en llamas, pero no avergonzado porque por alguna extraña razón pensabas que cada uno de los golpes que me habías dado, habían sido caricias.
Decidí que contaría a espectadores invisibles que tú nunca fuiste quien dijiste. Abrí todas y cada una de mis cicatrices cuando escribí por primera vez cómo me habías convertido en el gato que se queda paralizado cuando un coche le deslumbra en la carretera. Cada uno de los dardos envenenados que me clavaste me rompieron en pedazos y, sin embargo, tú decidiste perderte en la ignorancia del que se cree mejor.
Abandoné mi corazón en ese papel que no superará el paso del tiempo pero no importa cuántas veces lo intente: esa noche en la que decidiste que ya no valía la pena, cuando decidiste que estarías mejor sin mí, yo recuperé las ganas de vivir un día más.
