Mi elección si llega el fin del mundo
por palabrasinaudibles
«Y si el viento se levanta, comencemos a volar.»
– Hayao Miyazaki
A veces se me ocurre, me atormenta en silencio y me aterroriza, la idea de lo que sucederá cuando por fin llegue el fin del mundo. Después de miles de años de profecías, de predicciones, mitos y alegorías al fin de la vida. Qué será lo que sucederá cuando por fin llegue el día.
Y me pregunto si entonces pensaré en todo lo que abandoné por el camino. Me imagino en medio de un prado bastísimo, en medio del silencio y con una sonrisa dibujada. La sonrisa de quien se sabe absoluta perdedora, resignada al fin de todo lo conocido y aburrida ante un futuro que nunca será suyo.
Me aterroriza saber que, incluso aunque aun no ha llegado ese día, ya estoy cayendo en el letargo de los que asumen que pertenecen más al mundo de los sueños que a la realidad que a ti te ha consumido las ganas de volar.
¿Cuándo nos convertimos nosotros, los soñadores, en locos que solo pueden aspirar al futuro que nunca les pertenecerá?
Nos lo robarán antes de que tengamos la oportunidad de volar. Antes, incluso, de que podamos encontrarnos para mirarnos a los ojos y subir hasta el paraíso de las realidades diversas y absurdas que se entrelazan cuando nos cogemos de la mano y solamente nos dejamos llevar por el viento. Las que nos harían felices si es que tuviésemos la oportunidad.
Me muero cada vez que pienso que ese día va a llegar y que no habremos tenido la oportunidad de respirar con libertad. En silencio.
Y no te pido a gritos que me rescates, yo siempre fui terca y no tengo intención alguna de arrepentirme. Pero tú quizá deberías pensar por una vez si podrás vivir en paz con todo lo que dejaste por el camino. Si valió la pena dejar de soñar porque te pesaban demasiado los días de oscuridad, era el riesgo de querer vivir, por una vida aletargada. Si fue suficiente dejar de sonreír para vivir el presente con la tranquilidad de los que piensan que la vida es para siempre.
Porque yo tengo miedo, sí, pero joder he volado, he sentido con cada fibra de mi ser y he muerto millones de veces. Una por cada vez que me rompieron el corazón. Y si tuviera que volver a hacerlo… En fin, elijo ser una loca soñadora con los pies en la luna.
Una y mil veces.
