por palabrasinaudibles

Hace años que quiero contarte una historia.

No es especialmente bonita, divertida o dramática. Solo es la historia de dos personas que sabían que la vida no es casualidad.

Hace años que quiero contarte la historia de dos personas que no entendían de razones o racionalizaciones. Y tampoco de pasos ininterrumpidos.

Sí entendían las sombras, las miradas huidizas en los bares y los pasos rápidos de aquellos que marchaban con almas arrastradas por el diablo. La noche era su hogar y las copas, el humo empañando sus ojos y lo borroso de las caras que les acompañaban eran sus marionetas en ese teatro sin sentido.

Una tenía ojos gatunos, no perdía la oportunidad de regalar su sonrisa corrompida por la soledad a cualquier ente que se cruzase en su camino y huía de cualquier verdad que despuntase al amanecer. La otra, más silenciosa, era la luz que deslumbraba a los ilusos, a los que se ahogasen en esos excesos que emborrachaban su cobardía.

Eran la pareja perfecta, la que nunca pensaste llegarías a conocer. Ardían en los rincones indiferentes al humo y ensordecían la mente de todos los que se atrevieran a dirigirles la palabra.

La primera te habría roto el corazón con solo mirarte, nunca antes había conocido a alguien con la mirada tan triste. La segunda, tan discreta, te habría vuelto loco con su verdad. Jamás habrías podido salir de ahí.

Me enamoraron, me volvieron totalmente loca y quiero que sepas que tú no habrías salido vencedor de aquella guerra.

Te avisé de que no es una historia particularmente bonita pero solamente quería que supieras que en los rincones que menos esperas están las almas que te llevarán al infierno con un suspiro y que, para salir de él solo tendrás que dejar de intentar engañarte.