Alto y claro

por palabrasinaudibles

Un golpe de viento me lleva sin previo aviso a un mundo de gigantes que no ríen con la voz, a un lugar en el que los prados son de mil colores cambiantes y delirantes. Me lleva a ese lugar en el que no hablamos para expresar la demencia que nos corroe en ese otro sitio que llaman real y me siento como una drogadicta ante mi necesidad de escapar para poder hablar alto y claro.

Una tormenta que llega sin avisar me aísla de ese ruido ensordecedor que no me deja pensar cuando necesito un minuto de silencio que calme la ansiedad que carcome mis entrañas y me desquicia detrás de esa sonrisa que llevo grabada, que ya ha perdido su verdadero significado.

Un rayo me parte en mil pedazos y me rompo en medio de esa tormenta como un cristal que ha llegado a su máxima temperatura, y el viento  se encarga de mover mis pedazos rotos de manera absolutamente aleatoria y falta de curiosidad.

Entre rayos y truenos, tormentas y pedazos de mí misma, observo el cuadro como si yo no perteneciera a él y me paro durante el minuto más largo de mi vida para verme sin esencia. Como una autómata que perdió su corazón y a la que solo le quedan los ojos para ver qué hay, en este y en los otros mundos, un pequeño atisbo de esperanza que convierta todos esos colores drogados en el cuadro que alguna vez fue, para que la ansiedad desaparezca de mis entrañas y pueda recordar que el futuro no existe, que el pasado ya terminó y que no puedo dejar escapar a mi presente sin sonreír con el coraazón.