Correr

Ha llegado la hora de darte las gracias por haber llegado a mi vida. Es el momento de decirte que los sueños se cumplen siempre y cuando no te abandones a las luces artificiales de las calles y sí a las de las estrellas.

Es la hora de decirte que fuiste lo mejor y lo peor de aquellos lugares que compartimos en silencio mientras luchabas por encontrar el valor del que careces para enfrentar la realidad. Y es la hora de decirte, también, que no me arrepiento de haberte dejado marchar de mi vida.

Hoy es el día en que elijo ser feliz mientras vuelvo a reír como en aquellos años en los que pensaba que de un salto me podría propulsar hasta el fin del mundo. Y sin embargo caería porque sabes que siempre fui muy torpe, pero ya no me arrastro sino que me levanto y sonrío a un mundo cuyos matices no pueden pasar desapercibidos ante mis pasos ansiosos de vida.

Y te doy las gracias por haber traído a mi vida unas ganas infinitas de perderme en la inmensidad de las sonrisas de aquellos que sí decidieron compartir sus sueños cambiantes y absurdos conmigo.

Y que nos perderemos en los recuerdos de lo que no fuimos y en los sueños de nuestro presente bifurcado. Que seremos totalmente extraños el uno con el otro y que encontraremos tantas rarezas por separado que nos convertirán en mundos opuestos. Y no puedo hablar por ti, pero yo sé que seré el reflejo de mi propio destino pintado de colores que se mezclan creando la combinación más estrambótica del mundo mientras lo comparto con aquellos locos sonrientes que me invitan a volver a sentirme como una niña que jamás conoció el miedo.