De lo que gritamos y lo que callamos

por palabrasinaudibles

Tiene ese aire triste permanente que te gustaría ahuyentar de un suspiro. Tiene una mirada algo huidiza que muestra más de lo que debería y tiene, también, la manía de mirar a cualquiera fijamente sin saber porqué.

Es la persona que te despierta curiosidad cuando menos te lo esperas, la que se abre paso en tu mente cuando estás sumido en un silencio que demasiadas veces ha pesado sobre tus hombros.

Es la que te invita a correr por la montaña hasta quedar sin aliento y la que te dice que grites hasta que te deshagas de todo lo que te duele. La que te lleva con los ojos cerrados hasta el fin del mundo, donde el sol es de oro y la luna un diamante gigante que reluce más en vuestros ojos que en el cielo.

Tiene la costumbre de reír cuando está triste y la fortaleza de levantarse cuando el mundo le parece demasiado gris. Porque una sonrisa le calienta el corazón y alumbra sus sentidos haciendo que pueda con todo. Duerme a intervalos, tú profundamente, y siempre te mira sin saber qué es eso que explota como una bomba de relojería en su interior cuando lo hace.

Es quien te hace mirar hacia adelante y que dejes atrás todo lo que fue ruido ensordecedor y demoledor. Quien te hace recuperar las fuerzas cuando pensabas que ya no podrías más. Y es cuando tú la miras y suspiras en silencio, cuando esa tristeza que lleva como compañera se empequeñece y deja lugar a la grandeza de ser en el mundo. La de soñar mientras la cima de la montaña os recibe con esa calma que sólo la naturaleza salvaje en la que os sumergís podría regalaros.