Reencuentros
por palabrasinaudibles
Huí de la rabia, del dolor y del tormento de tus gritos rotundos e irreverentes. Corrí hasta que dejé de sentir los pies y mis manos tocaron el suelo mientras sostenía mi cuerpo derrotado.
Decidí que ningún lugar estaría demasiado cerca del fin del mundo y lo bastante lejos de unos recuerdos que me perseguían incansables en forma de cicatrices y noches en vela en las que yo me perdía una y otra vez.
Pero decidí, también, que esas noches no volverían a ser oscuras. Que si tenía que volver a huir lo haría para abandonarte de una vez por todas y provocar el reencuentro más maravilloso del mundo.
Aquel que significaría rendirme a la pasión del arte en movimiento innato de todo ser vivo, al ritmo de la música en la pureza del corazón y a los colores del espíritu en sintonía con todo lo que había perdido y ahora recuperaría.
Cedería a la luz en la oscuridad de aquellas noches en las que tú dejarías de ser mi fantasma para convertirte en un espectro deforme y carente de esa fuerza titánica que jamás te perteneció a ti pues siempre fue mía. Nunca fuiste mejor, más fuerte o más feliz de lo que yo fui y soy, incluso cuando me arrinconaste en silencios disfrazados.
Huí de los silencios envenenados, de tus miradas indiferentes y de tus gestos automáticos. Huí de las palabras cargadas de bombas nucleares y de humos contaminados de mentira; del absurdo círculo que creaste como una araña y de todas aquellas veces en las que regalaste un suspiro disfrazado de tranquilidad.
Cedí a la puesta de Sol revestida de oro, a la luz y los colores de los rincones que antes me habían aterrado; me entregué a la pasión y a la calma después de la tormenta; a las caricias invisibles del aire en mi piel y a aquella melodía que durante tanto tiempo había dejado de bailar.
Y bailé. Bailé hasta que mis pies cedieron exhaustos y felices, hasta que mi alma, mi corazón y toda aquella luz se reencontraron con esas cicatrices que dejaban de doler y se convertían en la piel más cómoda que jamás hubiera sentido. Bailé mientras dormí y mientras amé a ese nuevo mundo delicado y maravilloso.
Tan maravilloso que los ojos dejaron de mirar y el corazón habló.
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Me ha encantando….yo lo interpreto como el resurgir….:)