Profecía

por palabrasinaudibles

Cierro los ojos de dolor ante tu ausencia anunciada. Éramos la crónica de una muerte anunciada y ni siquiera nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde.

El puñal incrustado en mi corazón me rompe en pedazos y uno a uno caen como cristales que cortan el silencio de tu ausencia. Intentar redimirse es imposible ya y me he quedado sin opciones reales que me hagan encontrar un camino en el que tu nombre y tus falsas promesas no sean el titular de mi día a día.

No tengo razones para odiarte, sí las tengo para olvidarte y no sé por dónde empezar, así de destrozada me has dejado y no será la última vez que te dedique más tiempo del que tengo en mi poder.

Así que cierro los ojos ante tu ausencia imposible y me pregunto si no será el momento de comenzar a convertir esos cristales frágiles en diamantes puros, brutos, con todo su brillo y fuerza por delante. Un grito desgarrador sube por mi garganta incontenible y la rabia que siento me abruma en un minuto eterno en el que los colores son indistinguibles.

Y entonces silencio. Silencio, vacío, negrura y cansancio ante una ausencia que dejará de doler. Quizá dentro de un minuto, quizá dentro de un camino interminable pero dejará de doler y esta crónica se convertirá en una falsa profecía de historias que nunca sucedieron.