Altura
por palabrasinaudibles
A veces, bajo la lluvia más torrencial de pensamientos me pregunto qué atesoraría solamente para mí.
La gran mayoría me contesto a mí misma que todos y cada uno de los detalles que compartimos son esenciales. Los sinsentidos e incluso las discusiones resultan encantadoras. Otras, se me olvida que somos independientes y entonces me enfado suponiendo que nunca debí haber dejado de ser una entera para ser media.
Me molesta esa desastrosa concepción en la que dejamos de ser y aquellas miradas que acusan tu compañía como imprescindible.
Me define lo especial que me complementa, el amor que describimos a un paso acompasado en el que si uno se adelanta, el otro espera sin prisa y con una sonrisa en la mirada.
Y a veces, sin ningún tipo de previsión invento una frase que resulta acertada a nuestra manera de ver, igualmente estrafalaria. Y, otras, en medio de horas muertas en las que no hablamos, no nos miramos y, ni tan siquiera nos tocamos; se hace la magia.
Habiendo dejado la mente en blanco durante más tiempo del que contamos, con una canción que no para de sonar y cómodos en el silencio.
Qué poco importa lo que digamos si con sabernos es suficiente.
Qué poco importa el tiempo si con vivirlo de las mil maneras más inesperadas conseguimos una vida plena.
Qué sorprendente y maravilloso es ser dos que forman miles momentos eternos sin miedo a que algún día la memoria nos abandone a la suerte de lo que la sencillez de nuestra compañía inocente nos regale.
La distancia que no nos empequeñece, sino que nos hace enormes es el regalo de mi vida si sé que el miedo no es la respuesta a la incertidumbre.
Qué sorprendentemente y maravilloso es ser dos que forman miles momentos eternos sin miedo a que algún día la memoria nos abandone a la suerte de lo que la sencillez de nuestra compañía inocente nos regale.
La distancia que no nos empequeñece, sino que nos hace enormes es el regalo de mi vida si sé que el miedo no es la respuesta a la incertidumbre.
