Es el destino
Si te ríes se iluminan 3 o 5 estrellas. Depende de si hemos apagado todas las luces del mundo.
Cada vez que das un paso hay alguien en alguna parte a quien has hecho sentirse grande. Incluso enorme.
Te he visto correr pocas veces porque sabes que las prisas solamente sirven para que nos perdamos todos los primeros amaneceres que veremos a lo largo de nuestra vida. Y me encanta que tu paso sea lento, ligero y silencioso.
Si te veo con los ojos cerrados sé que es el momento de callar. Estás en algún lugar que solamente te pertenece a ti y es tan real como la paz que transmites cuando estás allí.
Cada 4 o 6 horas escuchas una canción que será la responsable de tu próximo comentario aleatorio. Uno que seguramente es más para ti que para cualquiera de las personas que estén contigo en ese momento. No tiene porqué ser una canción audible para todos.
Es como las palabras: las hay que suenan y las hay que están pero aun no quieren dar la cara.
Siempre se nos ha dado bien buscar la perfección en lo pequeño, encontrar la musicalidad en nuestras respiraciones, escuchar todo aquello que nos susurra lo vibrante de nuestros minutos contados.
Eres de aquellas personas destinadas a vivir para siempre. Una de esas a las que el tiempo no apaga porque derrochas luz.
La inmortalidad está en ti y en los kilómetros y horas venideras. Está en tu risa y en tu grandeza escondida y pujando por una liberta que le pertenece. Está en todos los puentes de los que saltarás sin esperar caer al vacío porque tú puedes volar a cualquier lugar.
Solamente necesitas una cosa: tu imaginación.
Cierra los ojos y olvida que el mundo es mundo y recuerda que todos y cada uno de los pasos que damos sirven para llevarnos hasta el fin del mundo durante un millón de años.
Recuerda que estamos destinados a ser inmortales.
