Elixir

Es asombrosa, misteriosa, sugerente y terrible.

Su paso ligero y su perfume te invitan a bailar una canción que aun no sabes cómo empezará pero no para qué te lo vas a plantear. Ya has caído rendido bajo su encanto susurrante y no te dejará marchar hasta que completéis esa obra de arte que aun no ha comenzado a ser.

Es paz y es guerra. Es un problema tras otro y la solución a todos y cada uno de ellos.

Es intención, azar, una estadística mal calculada en un problema que no tiene venta o compra.

Vuestras manos no se tocan y, sin embargo, ambos caéis fulminados por esa corriente eléctrica que aun no ha encontrado principio o final. El ritmo os emborracha y, para qué vais a desviar la mirada si ya os bebéis y os conocéis sin necesidad de hablar o de imposiciones.

Todo se reduce a una secuencia que se repite como si buscase que finalmente chocaseis de manera discreta, lúcida, evidente y ridículamente placentera.

Que aprendieseis a tocar lo que sois y no lo que quisierais ser, que bailaseis sin tener que mirar porque os sentís, y que no bebieseis de ese veneno que os venden como algún tipo de elixir, pues el elixir y la gloria se encuentran en esas sonrisas escondidas tras los besos que aun no os habéis dado.