Soledades
por palabrasinaudibles
La soledad está infravalorada. Normalmente sólo nos muestran lo dolorosa que puede llegar a ser, lo terriblemente insana de su sensación; cómo nos puede acechar cada vez que giramos una esquina, cómo llegará en el momento menos pensado y meterse en nuestro cuerpo como un gusano invisible que recorrerá nuestras venas a tal velocidad que, antes de que nos demos cuenta, estaremos postrados ante ella.
Nos cuentan nuestra voluntad está sometida a la compañía o falta de la misma, que somos todo aquello que nos rodea y que si estamos solos no somos nadie.
Creo que ha llegado el momento; el momento de decir basta. Creo que es el día en que debemos alzar la voz y gritarle al silencio, al ruido; al vacío y al esperpento; a las multitudes, a los viandantes solitarios: ha llegado el momento de decir que sí podemos estar solos. Es hora de descubrir quiénes somos, de pensarnos, amarnos, gritarnos y descuartizarnos en un bar vacío de todo y lleno de nuestras almas ardientes, sugerentes y, cualquier cosa menos solitarias o en soledad.
No nos cuentan que cuando hurgamos en nuestra soledad descubrimos todos nuestros matices: positivos, negativos, grisáceos y blanquecinos. Descubrimos todos nuestros graves o agudos en todas y cada una de sus formas; las espirales infinitas y las rectas indivisibles.
Jamás nos dicen que la soledad es la única que hará que sonriamos porque sí, porque nos hace sentir la maravilla de la felicidad con nosotros mismos y para nosotros.
No es tan complicado comprendernos, simplemente tenemos que volar como aquella niña que no hace más que soñar con esas alas que se desplegarán y harán que se alce de manera inverosímil hacia el cielo más oscuro. Aquel que siempre ha sido un solitario y que, sin embargo, no cesa en su empeño por atraernos hacia sí. Como si quisiera compartir todo aquello que parece saber de nuestras pequeñas maravillas diarias.
Esas que solamente descubrimos con la más infravalorada de todas las virtudes que nosotros, seres humanos, poseemos. Gracias a la única que nos ayuda a pedir perdón, a amar y a descubrir quiénes Somos.
Escuchemos, dividamos, particionemos y, auguremos un presente relleno de soledades discretas, brillantes, quizá inesperadas y amadas.

Muy bello. La soledad es un recipiente vacío, y como tal puede contener desde un veneno letal a un néctar divino. En nuestro mano, la mayoría de las veces, está la alternativa para llenarlo.