Será
Vuela su cabeza hasta el día en que dejó de ser un poco menos. No recuerda el momento exacto pero sí ese espacio en blanco en su cabeza que le anuncia que falta algo para estar completa. Se presenta ante sus ojos como una habitación vacía, muy luminosa, tanto que le ciega la vista y, tal vez, la vida. El silencio es el peor de sus enemigos en ese espacio absurdo que se ha llevado consigo un pedazo de su presente.
Ahora, frente a una taza de café que ya está frío y, probablemente, rancio se reclina hacia detrás y cierra los ojos en un intento por averiguar qué había en ese espacio demasiado brillante.
Se debate en una carrera de fondo, no consigue comprender y es que, quizá, ahora no deba comprender sino sentir; sin filtros, sin pensamientos y sin ideas preconcebidas de la mano del miedo.
Quizá ahora es el momento de desconectar y eso es mucho pedir en un mundo en el que si no estás conectada no eres nadie. Pero no sólo desconectar, sino también reír. Sin filtro también; reír sin miedo, en medio del silencio que ya no quiere sea su enemigo, en medio de toda esa luz que no le permite ver qué sucede más allá de esa ventana que aprisiona toda su dulzura en medio de una embestida de dolor imposible de medir.
En su realidad se le escapa una sonrisa y una lágrima algo solitaria, la luz deslumbra ahora un poco menos y sus ojos cerrados luchan por ver si la taza de café sigue tal y como la ha dejado pero aun no es el momento.
De vuelta a la habitación, ahora agita los brazos, hay una sensación nueva creciendo en su interior, algo grande, como ella y después de tanto tiempo a ciegas y en silencio, ésta se alza como una tormenta a punto de agitar todo su mundo. Por fin ha llegado la hora. Quiere volver a ser, romper la ventana, ser libre, conocer la paz, descubrir una realidad que será solo suya, maravillosa, intangible, brutal en la eternidad de un corazón que quiere volver a latir con la fuerza que le pertenece.
Entonces lo ve claro, no existe nada fuera, solamente está ella y ahora tiene el poder de elegir, de saber quién es por sí misma. Sin expectativas, sin presiones que no existen si ella no les da poder, sin ridículas conexiones que jamás fueron parte de su vida.
…
El café helado le devuelve la mirada. Las lágrimas no han parado de correr por su rostro y, por una vez, tiene la seguridad de que será feliz.
Sabe que será.
