Que sea indoloro
por palabrasinaudibles
Mira cada día a través de tu ventana y abre bien los ojos porque nunca sabes qué día podría ser el último y nunca sabrás si hoy el Sol brilla menos que ayer.
Cuando hoy cierres los ojos y te envuelva la oscuridad no te asustes, no es tan mala como parece ya que es el comienzo de la aventura más increíble que vayas a vivir jamás. Es una invitación a no temer al futuro y a lo que todavía desconoces, a que intentes abrir las puertas que contienen tus futuros. No pienses en el miedo que te puede dar caer, tropezar, sangrar, coserte y cicatrizar; las patadas te siguen empujando y cuando tengas que echar la vista atrás recuerda que vendiste tu alma al diablo por una vida que te pusiese todas las trabas del mundo para que cuando llegases a tu objetivo supieses que por fin estaba ahí.
Recuerda que de niña siempre buscabas un atisbo de luz en las pesadillas que carcomían tu realidad e imprime cada sensación. Cuanto más extravagante mejor.
Recuerda y derrocha todas las lágrimas que necesites, así tus ojos brillarán más que nunca y tu sonrisa quizá se convierta en una estampa de felicidad y deje de ser la máscara que forjaste sin apenas darte cuenta.
Derrocha tu energía, baila al ritmo de la demencia y canta en susurros tan potentes como el efecto mariposa porque, aunque no lo creas, puede ser la causante de tantas tormentas como quieras. No dibujes una línea definida en tu vida, pues tú misma eres tan indefinida como quieras serlo. Tan impredecible como el aire que mece nuestros pasos, tan terrible como tu contrato con el submundo.
Tu alma a cambio de una vida plena.
No es una sentencia de muerte, yo también cerraría el trato si pudiese. Pero, ¿sabes? la diferencia entre tú y yo es que a mí se me terminaron las fuerzas hace mucho tiempo. Incluso antes de darme cuenta y ahora solamente me queda mirar. Porque pienso que aun quedan cosas maravillosas aunque esté aprisionada en la fortaleza que yo misma construí. Porque sé que en alguna parte algo de mí hizo bien a alguien, porque no me puedo resignar y pensar que mi paso en este mundo va a resultar tan indiferente.
Así que te invito a mirar cada día a través de esa ventana, mira como si fuese la primera vez y admírate, ríe, llora, pelea, grita y cierra los ojos cuando pienses que no hay más opciones. Escucha el silencio, ríe a gritos, perdona como si no te doliese y cae. Cae una y otra vez, hasta que te sangren las heridas que pienses que no volverás a levantarte y, cuando menos te lo esperes lo harás, mas fuerte que nunca y más dulce de lo que jamás imaginaste.
No es una sentencia de muerte, es una sentencia de vida.
