No tiene que ser un punto y final

por palabrasinaudibles

La historia toma un giro semi inesperado. Os sentís incapaces de miraros a la cara sin descubrir vuestros negativos. En este punto de la narración sois tan vulnerables que no hay nadie que no consiga mirar a través.

De repente todo aquello que os llenaba de momentos increíblemente extraños cobra sentido y, desde luego, os golpea con tal fuerza que sois incapaces de parar la embestida.

De repente os volvéis tan humanos que no sabéis cuál es la solución a ese juego con el que os habéis entretenido durante tanto tiempo. Os miráis por primera vez y no sabéis qué decir, solamente conseguís caer envueltos en un abrazo que podría curar todas las enfermedades del mundo.

Y entonces os dais cuenta de que quizá no sea vuestro momento, quizá no debisteis haberos encontrado nunca o, quizá, simplemente estáis demasiado rotos por dentro como para seguir adelante.

El silencio por no es, por una vez, una opción pero sí una obligación. Por una vez parece que no hay palabras para endulzar lo que os corroe y, por una vez, vuestra verborrea se detiene porque ni siquiera con ese escudo podréis proteger vuestros pedazos desperdigados por el suelo.

No hay un punto y final. Nunca lo hay: las segundas y las terceras partes siempre fueron misteriosas y abrumadoras y ambos estáis dispuestos a descubrir qué se avecina tras ese punto y a parte que ahora podría ser el definitivo.

No os preocupéis, recompondréis vuestros pedazos y vuestra historia no terminará quebrada en un silencio que jamás fue bienvenido.