23 horas, 34 minutos y 45 segundos
Se me partirá en pedazos si se me rompe una vez más. Cuando esté arrastrando mis murmullos ahogados recogeré pedazo a pedazo y lo pegaré con pegamento y, cuando piense que ha quedado perfecto, me daré cuenta de que, de nuevo, falta un milímetro en mi músculo ya dañado.
Y tardaré 23 horas, 34 minutos y 45 segundos en darme cuenta de que mi vida es un círculo vicioso de roturas absurdas y recomposiciones más patéticas aun.
Pasaré 23 horas cavilando sobre qué hice mal y en qué momento olvidé que no debía querer a nadie. Ahogaré mis lágrimas en 34 minutos en un vaso de cristal lleno de recuerdos huidizos y algo de alcohol incoloro que me llevará a mi típico callejón sin salida. 45 segundos me quedarán y serán los más largos de toda mi vida. Serán mi vía de escape, horas brutales mientras recompongo mi cerebro descuidado durante casi un día y decido si soy real o un espejismo de mí misma. Recuperaré el sonido de mi corazón algo molido de tanto pegamento y me ocuparé de no volver a imaginar tus ojos algo risueños y tus gestos algo nerviosos.
Y después volveré a sonreír. Configuraré la sonrisa más bonita que jamás hayas visto y cuando mis ojos busquen los tuyos verás todo el dolor que me atraviesa. Entonces verás que soy mucho más fuerte que tú, que mi corazón es tan fuerte que incluso semi descompuesto es lo que me obliga a ser quien soy.
Y todo esto lo conseguiré en 23 hoas, 34 minutos y 45 segundos. Y tú, sí tú, serás parte de mi pasado pero no de mi futuro.
