Son cosas a medias
Se baña, se sumerge en el agua y cierra los ojos. Se deja llevar durante una cantidad de tiempo indefinida a cualquier otra parte y de pronto vuelve a la realidad y se mira las yemas de los dedos. Aun no se le ha arrugado la piel, menos mal.
Se levanta cada mañana a las seis y media porque dice que las seis sería demasiado pronto y el siete es un número que no le gusta así que ha escogido una hora medianamente ambigua. Todos los días hace frío y cuando sale de la cama nota cómo se hiela la punta de su nariz así que va a la cocina y se calienta un tazón de leche aunque sólo lo suficiente como para que no salga la nata y no se queme la lengua.
Se pasea por su piso pequeño descalza y a medio vestir.
A medias, siempre a medias.
Fuma cigarrillos extra largos que nunca se acaba, no bebe y te mira de una manera gatuna. Siempre se escurre por los rincones, te observa con sus ojos esquivos y camina como si no tuviese prisa y cuando tú intentas agarrar su mano ella te advierte con una media sonrisa, de esas que no puedes soportar porque te parte, y no te atreves a pedirle que se quede contigo toda la vida si hiciese falta o sólo por capricho.
Te deja a media frase porque te das cuenta de que no hace falta hablar.
Porque a veces un silencio completo vale más que tus medias frases, tus medios amagos y tus medias invitaciones. Y perdóname por haber dicho a veces. Quería decir siempre, así que cuando ella te mire y no te sonría busca el motivo y por una vez sed valientes porque de cobardes ya está lleno el mundo.
