Locuras

Se escapa su sangre entre mis manos. Corre indomable a una velocidad de vértigo. Sus ojos vidriosos me atraviesan y no hay nada que pueda hacer, ya he terminado con sus ilusiones contradictorias, desesperantes, promotoras de una inminente locura. Lo he hecho bien, no me importa. No me arrepiento.

Su psicopatía me iba a llevar al límite, tenía que hacerlo, por su bien, por el tuyo.

Me estaba desquiciando y no era posible aguantar más. Me gusta notar su sangre, es fluida, fresca, incluso algo bello pero me produce, al mismo tiempo, tanto asco… Como si todavía siguiese con vida, como si pudiese volver a hablar y creo que me da miedo. Tanto que a lo mejor desgarro su piel hasta recortarla en pequeñas tiras.

¿Quién es ahora la pequeña psicópata?