Rastros

Rondan cientos de ideas por su cabeza, perdidas y robadas; sumiéndole en el caos de si mismo. Corre como alma que lleva el Diablo pero no sabe de que huye y maldito el momento en que decidió mirar atrás.

Suma y sigue con una locura tras otra, incapaz de enfrentarse a sus malditos miedos, que rocían cada palabra que sale de su boca. Escupiendo gusanos henchidos de maldad. Loco de soledad, esculpido en la punta más afilada del cuchillo que atraviesa sus pulmones.

Y no importa porque de qué sirve si ya no le queda nada.

No le queda absolutamente nada y las ilusiones y todo aquello que en sus años más brillantes teñía sus ojos ha volado sin dejar más que un rastro de sangre. Oscuro y delicioso…