Correr y hasta que no pueda más

Me busco en las calles oscuras, perdida en mis propias pesadillas. Desorientada y recelosa de mi propia sombra. Soy una psicótica, no me gusta pensar en aquello de lo que no hablo y me invento historias. Una detrás de otra, todas diferentes y a la vez la misma, pero se me da bien decorar la realidad y la mentira en sí misma.

      Hoy me he asomado a una ventana y he visto una sonrisa que he odiado, me ha dado tanta envidia que por un momento he deseado tener su cuello entre mis manos y notar cómo le robaba la vida poco a poco mientras que sentía cómo una sensación extraña embriagaba cada uno se mis sentidos. Cuando llevaba unos diez minutos frente a ese cristal él se ha girado y me ha mirado. Sus ojos grises han atrapado los míos, su sonrisa se ha hecho más amplia si cabe y me ha hecho un gesto para que vaya hasta la puerta. Yo no sabía cómo reaccionar, así que he obedecido y cuando me ha recibido entre sus brazos esa sensación tan surrealista ha recorrido mi espalda de nuevo. Sin una palabra me ha invitado entrar mientras  me cogía de la mano y yo con la mirada perdida en sus ojos inventaba mil y una excusas mudas para no quedarme allí ni un minuto más pero no he podido resistirme. Así que me he dejado llevar. Me he reído de sus bromas sin sentido, hemos compartido el silencio entre sábanas tiradas por el suelo y he dejado que me acariciase la espalda.

Y se quedó dormido y vi cómo se agitaba en sueños, los mismos que llevan atemorizándole años noche tras noche. Aproveché y escapé, como siempre.

                De modo que aquí estoy, buscándome en algún lugar de una calle que no conozco, buscando mi reflejo creado a base de mentiras.  Destruyéndome a mí misma con cada palabra que pasa por mi mente a la par que oculto cada uno de mis secretos y os pido que no os creáis nada de lo que he dicho hace un segundo. Porque sí, soy una cobarde y por eso no he tenido el valor de reír con él, de compartir una mirada y de susurrarle al oído cuánto le quiero y le odio a la vez. Pero no importa, pues tengo tiempo. Eso es lo único de lo que puedo huir y no hay ningún lugar que esté lo bastante lejos que me permita correr con el diablo hasta el infierno y que me haga dejar de dudar de una vez por todas.