por palabrasinaudibles
La verdad es que no tengo nada que contar, nada sobre lo que escribir, pero qué más da. Siempre puedo inventarme una pequeña historia, os puedo engañar usando palabras un poco mas encantadoras de las que soléis escuchar. Puedo embrujar a vuestras mentes con mi dulce mentira, sus ojos que hipnotizan y cierta música escondida y asustada en una ciudad desorientada en el mundo de lo extravagante.
Podría decir que ayer me pasó algo raro, pero para qué mentir si lo único que vi fueron ojos vacíos de simplicidad y miradas derrotadas.
Mas os contaré, aquí y ahora que ayer, también, vi a una niña caminar de la mano de su madre, os contaré que vi la sonrisa más dulce del mundo.
Caminaban despacito, sin prisa, avanzando amorosamente entre la niebla. Reconquistando el mundo con un hilo de seda, invisible para todos, compuesto por eso que no sabríamos definir si no fuese porque conocemos el amor cuando corre por nuestra sangre, hirviendo en todos nuestros sentidos.
Y sus manos entrelazadas me recordaron a las estrellas, a su brillo milenario y a lo efímera que es nuestra vida.
Les sonreí y la pequeña me tendió su manita libre, invitándome a subir a su carrusel para que volásemos juntas, para que soñásemos, para construir su futuro, que forjaría como el diamante más brillante, atemporal, y puro.
Milenario, como las estrellas… Se llenaría de recuerdos, de lágrimas y sonrisas.
Sonrisa como la que atraviesa a mi corazón… Porque por primera vez en mucho tiempo ayer vi libertad.
