Un poco de lo de siempre.
Hoy el Sol ha acariciado mi piel después de tantos años en la penumbra. Paseé y recordé a los amigos que perdí y que desterré de mi vida. Solitaria en compañía, era lo que me decían. Ahora soy vieja y me acuerdo de aquellos momentos con una sonrisa que florece en los resquicios de mi alma.
Y los únicos amigos que me quedan me esperan silenciosos y pacientes, con sus innumerables mundos y sensaciones. Listos para contarme una y otra vez sus historias haciéndome redescubrir cada una de las miradas que guardan.
Y hoy no me duelen los huesos. El Sol me ha bañado la mirada en un espejo de reflejos únicos y diminutos haciéndome ver que el mundo ya no es lo que era, que los años no han pasado solamente para mí. Que todo es viejo y gris, miserable, insípido, odioso. Peor de lo que yo recordaba: triste, crudo, rudo…
Quizás no debiera haber dejado que el Sol me acariciase… quizá debí irme con aquellos a los que quise. El tiempo pasa y nadie puede retroceder.
Nadie.
