Luces

por palabrasinaudibles

Cuando la lluvia cae en su mundo particular hay algo que le atrae para volver…Solamente una cosa y es que no puede evitar pararse a mirar sus ojos verdes.

Cada noche sale a pasear por una ciudad que duerme durante unas pocas horas, camina por cada calle y descubre cada rincón una y otra vez y cada vez que llega a ese parque y la ve ahí sentada se pregunta qué estará haciendo a esas horas, cuál será su nombre. Qué encerrarán esos ojos que se le antojan tan dulces en la penumbra. Y cada noche se plantea acercarse a ella pero le da miedo que escape como un animal asustado y no quiere perder ese espejismo delicado, efímero.

Una noche de tantas él se abre camino a través de los pensamientos dormidos de la gente que intenta descansar de sus pesadillas diurnas y cuando llega a su sitio final no la ve, no está ahí. Se pregunta qué habrá sido de ella pero no se marcha. Se sienta en el banco que ella habitúa y espera una hora…dos, tres…pierde la cuenta y ella no aparece pero el sol sí lo hace. Su tiempo se ha acabado.

Vuelve, una noche tras otra y ella ya no está pero su esencia sí, su perfume… Hay algo que le impide marcharse hasta que amanece. Lo que antes era una aventura se ha convertido en una espera desgarradora, intranquila y no sabe si cambiará algo el hecho de que él esté ahí durante tantísimo tiempo, pero no puede dejar de recordar su mirada perdida, sus manos reposando con calma sobre sus piernas, la punta de sus pies sobre el suelo bailando a un compás inaudible para cualquiera excepto para ella. No puede evitar pensar en su sonrisa, aquella que nunca vio.

Sus palabras, aquellas que jamás llegó a escuchar; su pelo cayendo sobre sus hombros finos. Su piel escondida.

Y una noche en que la Luna brilla más que de costumbre se encuentra una libretita en el banco de siempre. Y sin poder evitarlo la abre y mira…

«Gracias por regalarme estas noches, por dejar que te persiga y te mire sin que te dieses cuenta. Gracias por venir a verme cuando no tenía a nadie más a parte de la Luna. No me esperes más, no podré volver y siempre recordaré lo que nunca llegamos a hacer; tu nombre desconocido, tus ojos escapando la noche…

Y te esperaré en un mundo mejor. Un mundo en el que el viento nos arrancará una sonrisa; un mundo en el que la felicidad nos susurrará al oído. Un lugar que escuchará nuestro aliento cuando dejemos de correr, donde todo lo que no hicimos en esta vida dejará de parecernos importante

Pero hasta entonces quiero que vivas por mi, por ti, por los dos. Deja de correr y descubre cada asomo de magia, cada risa y cada mirada. Te pido que amanezcas cada día pensando en todo lo que te queda por vivir.

Nos veremos antes de lo que esperas. El tiempo volará.

Dana.»

Incrédulo levanta la mirada y sonríe por primera vez en mucho tiempo. Tiene mucho por lo que vivir, mucho por lo que respirar. Así que por primera vez en meses se va a casa antes de que amanezca y cuando se tumba en la cama nota su cuerpo ligero y cómo poco a poco Morfeo abre sus brazos y le acoge…

Hay mucho por lo que vivir.

«Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre.» -Mahatma Gandhi