Dosis

por palabrasinaudibles

Apunta, mira, piensa, garabatea y tacha.

Escudriña a un punto indefinido del local mientras que su taza de café humeante espera por rozar sus labios. No sonríe, ni ella ni sus ojos pero puede que sea porque vuela en un lugar que desgarraría la pasividad en la que vivimos el resto de mortales.

Porque un día tras otro nos cuentan cuánta personas mueren y cuántas no, nos dicen con una satisfacción casi morbosa en sus voces que tal o cual devastador desastre natural se ha cobrado, saben ellos, demasiadas familias; y mientras, nosotros miramos impasibles, a la par que ella es la única capaz de derramar una lágrima y odiarse a sí misma por lo injusta que es la vida.

Unos tanto y otros tan poco.

Y hoy, sentada en su cafetería de siempre se plantea qué hacer con su vida. Reflexiona sobre lo que puede y no debe hacer mientras que el café se enfría poco a poco, como el resto de la humanidad para terminar siendo una simple rata de laboratorio a manos de unos terroristas que se llaman a sí mismos investigadores. Mas qué importará… ella sola contra el mundo, ella y sus ojos grises, risueños y tan tristes; con su sonrisa rota por tantas patadas que le rompen las costillas, una a  una.

Y hoy, con su cuadernito decorado de colores apunta, mira, piensa, garabatea y tacha. El café le acompaña.