Deshecha

Estatuas en el tiempo se erosionan por el paso de las palabras en el viento. Las miradas del pasado acechan al futuro, amenazando su existencia dura, fría, cobarde. Se desliza en la noche con sus movimientos gatunos, silenciosos… Deseando poder desvanecerse cuando quisiera, borrando las lágrimas invisibles que recorren su rostro mientras intenta recordar un día que ha pasado como en una nebulosa de alucinaciones.

Una jeringuilla, un salón contaminado por el humo de ideas marchitas, su brazo extendido y una aguja atravesando su piel; risas sin sentido y una mano torpe sobre su pierna es lo último que se le aparece, y la verdad es que no quiere recordar más, no le importa cada vez menos; solamente quiere su dinero y olvidar, olvidar, olvidar…

Porque está cansada de levantarse, porque ha decidido que nunca más intentará que le escuchen, porque se ha dado por vencida antes de tiempo.

Pero qué importa…si es cobarde y no es capaz de mirarte a los ojos quizá, Destino mío, no sea digna de volver a ver un día soleado o de oler la humedad en un día de lluvia fina, de esa que cuando sonríes te baña esos ojos verdes.